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lunes, 20 de enero de 2014

Camino primitivo '13 - Etapa 1: Oviedo - San Juan de Villapañada


Bollywood en Santander con "Los hijos de la
medianoche"
Tras pasar las últimas quince horas deambulando por Santander, matando tiempo en un cine de aquellos en los que sonaba aquello de "Mooovierecord!"(cuya peli se hizo más larga que cualquiera de las etapas del Camino), y una pesada noche entre la estación de buses y el bus que nos llevaba a Oviedo, llegamos a eso de las 6:00 a la ciudad asturiana. Fuimos a desayunar a la cafetería de la estación para reponer algo de fuerzas, en el bus había conseguido dormir una media hora seguida, toda una proeza, mi hermana un poco más de lo mismo. Así que desayunamos, nos preparamos el atuendo, frontal a mano, cámara también a mano y guía en mano para comenzar a salir de Oviedo y no perdernos en el intento. 


Despidiendo a Oviedo con una sonrisa
Salimos de la estación y...lluvia! Qué mejor manera de empezar el Camino, hay que decir que no era muy intensa, pero es de esa lluvia que jode, de esa que no te das cuenta y acabas empapado. Tocaba estrenar el poncho/chubasquero, y bendita la hora en que me lo compré, no dudéis en llevaros uno si hacéis el camino, que os cubra de pies a cabeza, incluida la mochila, ya que en mi caso no llevaba ningún cubremochila. Al poco tiempo paró, y dado lo calurosos que somos mi hermana y yo, en seguida nos lo quitamos, no hacía frío para ser finales de octubre y estar en el norte. Empezamos a buen ritmo, siguiendo las conchas que hay dispersas por la ciudad que te van guiando hacia la salida de Oviedo, Como dato curioso, en Asturias hay que seguir la concha en el sentido en que se cierran sus puntas, en cambio, en Galicia es al contrario, hay que seguir la concha conforme sus puntas se abren, según tengo entendido, son cosas de asociaciones de Amigos del Camino, así que tenerlo en cuenta, que en Galicia cambia la cosa y no querréis volver atrás. Pues, como decía, comenzamos a salir de Oviedo, dejando atrás la ciudad y empezando a recorrer algún polígono y alguna carretera secundaria. Ya amaneciendo comenzamos a llegar a los primeros pueblos y a las primeras aldeas, escuchando de fondo a las vacas y a los toros que nos acompañarían en cada etapa del Camino. El ritmo era bueno, a pesar del poco tiempo que habíamos dedicado a eso de dormir, la subida a Escamplero fue quizá el punto más fuerte de la etapa, una subida con un desnivel importante que condicionó el resto de la etapa a mi hermana y también a mí. Uno no se acostumbra en unas horas a ir cargado con 8-10 kg de peso a la espalda y a hacer 25-30 km con ella al día, sino que tarda un par de días en coger la postura y la fuerza necesarias. A pesar de todo y al ser la primera etapa seguíamos restándole kilómetros al Camino con una sonrisa, buscando el lado bueno de las cosas.


Santa María de Lloriana
Subidas y más subidas!
Tras unas cuantas subidas y bajadas de poca importancia y de dejar atrás pequeñas aldeas con bonitos hórreos, comenzamos a divisar al fondo el pueblo de Grado, el primer pueblo tras dejar Oviedo con más de 200 habitantes. La llegada a él se hizo larga, se llega en descenso, con Grado en tu punto de mira, mires donde mires. Se entra por una especie de polígono industrial y poco a poco, callejeando y siguiendo las flechas amarillas que nos marcan el Camino, llegamos a Grado. Allí teníamos pensado proveernos de algo de comida y alguna bebida para ir tirando hasta el albergue, preguntamos a un señor y nos dijo que los lunes, era lunes, cerraban la mayoría de establecimientos, pero que había uno abierto, el señor, muy amable, nos acompañó y todo. Tras comprar alguna cosa para el momento, y otras tantas para comer, merendar, cenar y desayunar, pues en San Juan de Villapañada no hay más servicios que el albergue y casas particulares, desandamos lo andado y retomamos el camino.  Aquí empezó la parte más dura de la etapa, era cerca de la 13h y el sol comenzaba a apretar, sí, a finales de octubre y en Asturias, y a parte de llevar 25 km en las piernas y dos horas de sueño repartidas entre los dos, empezaba a fallar la fuerza mental, esa que te tiene que llevar a Santiago. La salida de Grado fue difícil, pues apenas había señalizaciones que nos indicaran el trazado, pasamos por su centro histórico, bastante majo por cierto, al cual volvimos porque nos perdimos entre sus numerosas callejuelas, tras observar la guía decidimos volver al punto donde habíamos comprado las cosas y de allí, olvidarnos del trazado del mapa de la guía, seguir por carretera, sin pasar por su centro histórico, que es más fácil y menos confuso. En muchas ocasiones, los trazados del Camino se han ideado para que visites tal pueblo y su centro histórico, y de paso compres algo, en parte, el Camino no deja de ser otro negocio más.
Peñaflor, antes de llegar a Grado

 Vero comenzaba a estar muy cansada, el calor unido a los nervios a veces deja ver nuestra peor versión, y tras darle un discurso sobre si iba a abandonar en la primera etapa, continuamos el camino, que solo ascendía y ascendía por pistas de tierra. Tras un buen rato sin cruzarme con nadie, solo escuchando el sonido del viento y el de cada una de mis pisadas, pues Vero iba algo más atrás, vi al fondo a un hombre con un par de perros. Le pregunté que donde quedaba el albergue de San Juan, me dijo que nada, que ahí al lado, siguiendo ese camino y a la derecha en un cruce. "¡Qué fácil!...¡Ya está!.." pensé, yo animando a Vero, "venga, que ya está hecho" le decía. Pues bien, ese "nada" que quedaba se puede traducir a casi una hora más de camino por las mismas pistas de tierra que ya comenzábamos a odiar. Es cierto que todo influía, como decía, las pocas horas de descanso y de sueño, el peso de la mochila, el creer que, según la guía, quedan 3,5 km para el albergue desde Grado y que se conviertan en casi 6...el ir y volver al centro de Grado para encontrar las flechas que nos marcan el Camino...

Pues bien, tras una media hora más llegamos al cruce que me dijo el señor de los perros, en ese cruce, debíamos girar a la derecha, tras pasar por numerosas casas particulares, chalets y casas de campo, llegamos a una explanada donde nos daba la espalda una pequeña capilla, allí había un hombre, al que pregunté donde quedaba el albergue y me dijo que era aquí mismo, que diera la vuelta a la capilla, que podía entrar y dejar las mochilas, el hospitalero llegaría sobre las 18h. Pues bien, ¡aleluya!, al fin llegamos, Vero estaba cansada, lo notaba en sus ojos, en su forma de hablar, tuve miedo de que decidiera abandonar a las primeras de cambio, me sentí un poco mal por haberla traído al Camino más duro, el primitivo, pero por suerte, mi hermana es fuerte y 35 km no la iban a vencer.

El albergue estaba vacío, no había llegado nadie, a primera vista el albergue era, y es, muy majo, tiene una terraza exterior con algunas mesas y bancos de madera donde poder descansar. El problema es que al estar muy cerca de establos y de zona de campo, dentro había cientos y cientos de moscas, algunas vivas, otras muertas, muchas en los colchones ya sin vida, y unas no pocas revoloteando entre la cocina y la habitación común. Elegimos cama y dejamos todos nuestros pertrechos entre el suelo y la cama, entre el cansancio y el placer de haber llegado. Fui directo a la ducha, en la que por supuesto había moscas y algún mosquito rezagado. A mi hermana le había salido la primera ampolla, en la primera etapa, mejor imposible, le dije que se la mirara y que si hacía falta se la curara, las ampollas se pueden convertir en un muy mal compañero de viaje si no se cuidan bien, es importante untarse los pies con vaselina antes de salir en cada etapa, así el contacto del pie con el calcetín es más suave y provoca menos fricción entre ellos, lo que puede provocar la aparición de las ampollas. Una vez duchados, llegó otro huésped más, era una chica de Madrid, Lucía, con la que hicimos buenas migas y con la que a lo largo del Camino hicimos un buen grupo junto a más gente que fuimos conociendo. Ella estaba un poco como nosotros, desquiciada por el "donde está el albergue".


Interior del albergue
Terraza
La tarde pasó tranquila, el clima era bueno y apetecía estar en la terraza, leyendo, escribiendo las anécdotas del día. Al final de la tarde llegó el hospitalero, Domingo, un hombre muy majo, el cual nos selló la credencial y nos explicó una a una las etapas que nos quedaban hasta llegar a Santiago, nos aconsejó donde parar y donde no parar, algo que nos sirvió tanto a Lucía como a nosotros para modificar algunos puntos de nuestras rutas. Domingo se ofreció a hacernos la cena, a pesar de que nosotros insistimos en que no hacía falta, pero el ganó la partida y nos preparó unos macarrones riquísimos junto a unas tazas de té. Estas son las personas que marcan un Camino, personas desinteresadas que ofrecen sin pedir nada a cambio, que te animan a levantarte al día siguiente y caminar otros 30 km, las que te hacen ver que el Camino no solo es llegar, si no que entre medias hay mucho más.

Tras irse Domingo, los tres, porque solo fuimos tres aquella noche, nos fuimos a dormir, al día siguiente nos esperaban sólo 21 km. Cerramos el quiosco y junto a moscas y mosquitos, aparcamos el Camino durante unas horas.

4 comentarios:

  1. Hay que ver que bien escribe este chico... :P y que guapo es!! ;)

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  2. Muy guapos los dos pero yo tengo día tonto y leyendo esto y recordando aquí estoy llorando como tonta jaja. Que bien escribes Toniet!

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  3. Si hasta a mi me da emoción leer, me imagino tu... ;) Si es que somos todos guapísimos! :P

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