Pi pi pi pi...pi pi pi pi...las alarmas del móvil nos despiertan como una bofetada. Hoy abrimos los ojos antes de lo habitual, hoy toca madrugar, toca motivarse desde primera hora. Sebastien y Helene ni se inmutan a pesar de nuestros ir y venir por la habitación; dado que no hay cocina, ni nada que se le parezca, desayunamos en el recibidor, donde hay un sofá algo olvidado por los años. Desayuno tranquilo, con ganas de empezar la etapa, saldría corriendo, pero calma, calma, calma. Vero, para no perder la costumbre, anda de aquí a allá con la quinta marcha puesta. En los despertares somos la noche y el día, a veces se olvida de untarse los pies con vaselina y he de recordárselo, al fin y al cabo, de estas cosas siempre acabamos riéndonos. Yo sigo mi ritual de siempre: desayuno, vestirse, prepararse los pies, calzarse, hacer algunos estiramientos y pa' fuera.
Tras recomponer la mochila por vigésimocuarta vez en lo que va de Camino, salimos al encuentro con el cielo aún oscuro de Tineo, no hace frío, se divisan algunas nubes y tengo la intuición de que hoy caerá alguna gota, y no me equivocaré. Dejamos atrás el albergue y pronto perdemos a Lucía, que se ha quedado atrás, Vero y yo continuamos a buen ritmo de forma progresiva, nos despedimos de Tineo a medida que vamos adentrándonos en zonas algo más rurales. Decidimos llamar a Lucía por si acaso le ha pasado algo, nos dice que se ha quedado algo atrás por un problema con sus botas, así que seguimos. Unas pequeñas subidas para acabar de despertarnos nos conducen a pistas de tierra y bosques frondosos en los que es necesario sacar el frontal ya que todavía el Sol no ha comenzado su jornada. La subida es constante pero lineal, sin grandes pendientes, vamos recuperando oxígeno de vez en cuando. La ropa comienza a sobrar, los Navarro somos muy calurosos, pero hay que ir con cabeza y aguantamos un poco más, no vayamos a coger un molesto resfriado.
| Amaneciendo a las afueras de Tineo |
Las pistas y los caminos de tierra siguen algo impracticables a causa del barro y el fango, sobre todo en las zonas cercanas a las aldeas, donde la tierra trabajada se humedece más y forma auténticos barrizales. A los 12-13 kilómetros de la etapa llegamos a una especie de nave industrial donde un hombre labra la tierra con su tractor, desde lejos nos mira fijamente, se supone que los aldeanos deben estar acostumbrados a ver pasar a peregrinos, quizá éste sea nuevo en el pueblo, pienso. Nos acercamos a él, porque no queda otra, se baja del tractor y tras saludarnos, nos pregunta si vamos a coger la ruta de los Hospitales, la variante en la que puede dividirse la etapa de hoy. Le decimos que no, que vamos hacia Pola, nos dice que lo que queda es duro, que hasta llegar a Melide nos quedan unos días majos, como él y sus ánimos. En realidad es un señor amable, lo que tiene un aire a asesino/secuestrador de peli barata de domingo. Nos invita a que probemos la leche de sus vacas, que vayamos a su nave, que está ahí cerca, y de paso nos sella la credencial, nosotros, con cara de circunstancia, le decimos que venga, que vale. El hombre se baja del tractor, nos lleva dentro de la nave y prepara la leche y los vasos, los cuales lava con sus propias manos, ¿pa qué las balletas, pa qué? Vero se tomará un vaso, yo con la leche sola no puedo, sorry. Nos saca un cuaderno donde anota a todos los peregrinos a los que sella, en realidad debemos ser el cuarto o quinto peregrino, pues solo hay unos cuantos apuntados, no se trata de ningún hospitalero, pero nos dice que algún día le gustaría serlo. Nos sella la credencial, cuyo sello es tan grande que casi no cabe en su espacio, y amablemente le anunciamos que tenemos que irnos, pero antes, coge una flor de su campo y me dice - Venga, dásela a tu novia - Vero y yo nos miramos y le respondo - Que no hombre, ¡que es mi hermana! -, así que nos despedimos con unas risas, con un nuevo sello y con un encuentro peculiar con un hombre peculiar, cosas del Camino, lástima que no nos hiciéramos una foto.
| Desvío, hacia la derecha, Hospitales, izquierda, Pola |
Casi al instante comienza a llover, no de manera intensa pero si de la manera que nos obliga a sacar el poncho y ponérnoslo. Continuamos por pistas de asfalto cruzando algunos pueblos y aldeas: Campiello, Borres (aquí hay un albergue donde pernoctan los peregrinos que deciden hacer al día siguiente la ruta de los Hospitales, ésta es algo más dura, pues se sube hasta los 1200 metros de altura y se avanza por plena montaña, donde normalmente hay fuertes rachas de viento y los servicios son nulos, esta etapa normalmente acaba en Berducedo, donde nosotros acabaremos mañana partiendo desde Pola), El Fresno, un pueblo llamado "Las Tiendas" (donde no hay ninguna por cierto)...
La etapa continúa por asfalto durante un buen tramo en el que la lluvia y el viento se convierten en nuestros incómodos compañeros de viaje. A Vero le molesta el roce de las ampollas con el talón, sé lo que es, y lo único que puede hacer es tirar de fuerza mental. Son 5 kilómetros pesados, espesos de llevar, algunos coches no aminoran la velocidad al pasar y dado que los arcenes son en algunos tramos mínimos hay que ir con bastante ojo.
| Paisajes idílicos bajo la lluvia |
Vuelven los caminos enfangados y embarrados, la lluvia no cesa aunque hay que agradecer que no es intensa y permite sobrellevar la etapa, hoy el poncho no nos lo quitaremos hasta llegar a Pola. Comenzamos, primero de forma leve, la subida a los dos puntos más altos de la etapa, el Alto de Porciles (733 m) y el Alto de Lavadoira (806 m), éste último se hace pesado por el desnivel acumulado. Tras pasar el Alto de Porciles, bajamos lo subido para volver a subir un poco más todavía hasta el citado Alto de Lavadoira, son tramos que discurren por pistas de tierra mojada y tramos de asfalto resbaladizo. Espero a mi hermana, hoy se lo está currando, es una campeona, le voy animando con lo típico de "ya queda nada, esta subida y ya está", y de hecho, la guía nos dice eso.
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| ¿Cúanto duró ese bastón? |
Tras Lavadoira comienza una suave bajada aunque algo pesada hacia Pola de Allande. Cruzamos algunas minúsculas aldeas, con sus gentes, con sus olores y con su propia vida, recuerdos líquidos que más tarde se solidificaran dentro de nuestras memorias. Mientras espero a Vero para llegar a Pola los dos juntos, juego con un perro mojado que camina junto a su amo y sus dos bueyes, el buen hombre me dice que Pola está ahí mismo, bajando. Vero y yo comenzamos el descenso a Pola, veo el albergue al principio del pueblo algo escondido a la derecha, la entrada a él se hace tras una pendiente y unas cuantas escaleras, por si no habíamos caminado mucho hoy, son las 15h, unas 9 horitas de etapa hoy, nos merecemos un buen descanso.
Entramos, Lucía ya ha llegado, como suponíamos, y encima lo ha hecho con sus manoletinas, toda una proeza, sobre todo por el día que nos ha hecho. El hospitalero está en la sala del comedor, tras elegir las camas y descargar nuestra segunda piel en forma de mochila vamos hacia allí para que nos selle la credencial y pagarle la noche. El hospitalero se sorprende del sello del hombre de esta mañana, dice que nunca lo había visto. ¡Normal, si en el cuaderno había apenas cinco peregrinos apuntados! El tío es serio, se nota que es un funcionario al que han mandado para cubrir el puesto de hospitalero, no siente ni sabe qué es el Camino, nada que ver con Domingo o Miguel de las anteriores etapas.
Después de sellar se marcha, y nos quedamos de nuevo los tres solos. Afuera sigue haciendo un día de perros y no invita a salir para, al menos, conocer y pasear un poco por el pueblo. Nos duchamos y esperamos que el tiempo amaine un pelín.
El albergue es limpio, grande, se trata de otra escuela rehabilitada para estos menesteres, a las duchas le falta alguna cortina o puerta, ya que no hay manera de evitar que el baño se convierta en una piscina olímpica tras la ducha. La cocina es muy completa, quedan algunos sobres con pasta y algunos tomates que por la noche cenaremos. Junto a ella está la sala de descanso, con unas sillas que imitan a las de la sala de espera de una consulta médica. En el pasillo que une las habitaciones con la cocina hay una serie de cuadros de gran tamaño que nos informan de las etapas del Camino primitivo, de las distancias y de las cosas a tener en cuenta, interesante.
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| Pola de Allande |
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| Habitación |
Volvemos al albergue con la noche instalada sobre nuestras cabezas, preparamos la pasta que queda en el albergue y nos preparamos para una nueva noche, y de nuevo los tres solos. Recogemos las prendas que habíamos dejado tendidas, siguen aún húmedas, al igual que las botas, embarradas hasta los tobillos. Son las 22h y nos metemos en el saco, hay que descansar bien para la etapa de mañana, la que nos llevará al Puerto del Palo, a unos 1200 m de altura, con un desnivel de casi 600 metros. La guía nos dice que cuando acometamos la última subida hacia la cima del puerto sólo escucharemos el sonido de nuestros jadeos, qué majo, ¿será cierto?, mañana lo veremos.
Llega la hora de la desconexión mientras pienso en que no quiero que acabe esta aventura, porque cada etapa se convierte en un nuevo capítulo de nuestras vidas y en el que aprendemos nuevas cosas, quizá demasiadas o quizá insuficientes, el tiempo lo dirá. Buenas noches.



