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lunes, 15 de septiembre de 2014

Camino primitivo '13 - Etapa 5: Pola de Allande - Berducedo


El reflejo de la luz de una farola, que golpea y atraviesa el cristal de la habitación, me despierta antes de que lo haga el despertador. Son las 7:15h y en la habitación reina un vasto silencio, interrumpido en ocasiones por el sonido metálico que producen las tuberías del baño. Vero no tarda en despertarse, al igual que Lucía. Con algo más de frío de lo acostumbrado comenzamos a desperezarnos, nos estiramos más de lo normal y reorganizamos nuestras mochilas. Desayunamos en silencio, a estas horas no hay mucho que decir, pienso, y supongo que pensamos, en la etapa de hoy, en el primer pueblo que cruzaremos o en la primera dificultad que nos encontraremos.

Vero y yo estamos preparados para salir, Lucía nos dice que saldrá un poco más tarde, se está colocando sus nuevas deportivas, esas que ayer moldeó y reblandeció para hacerlas más cómodas al pie, le deseamos que le vaya bien, sabiendo de antemano que nos volveremos a encontrar durante la etapa. Y así, comienza nuestra quinta etapa por Asturias. 

Comenzando la jornada
Bajamos las escaleras que conducen de nuevo a Pola, hace frío, Vero cojea un poco a causa de las malditas ampollas y yo me vuelvo a atar bien los cordones, un mal atado puede hacer rozar más de lo deseado la parte del talón y la bota provocando la aparición de alguna llaga. Me equipo con la braga por primera vez en el Camino, aunque no me durará mucho. Iniciamos la salida de Pola por su calle principal, dejando atrás el pueblo por carretera, aún es de noche y debemos de ir con cuidado con los camiones y los coches que se nos cruzan. Este primer tramo dura unos 2 km, es entonces cuando cogemos un desvío y nos adentramos ya en bosque y pistas de tierra. Comenzamos a ascender de forma suave pero constante, atravesamos algunas pequeñas cascadas de agua que conducen hacia el río Nisón, un poco más abajo. Comienza a despuntar el sol, parece que hará un mejor día que el de ayer, los caminos se hacen cómodos, con las típicas subidas y bajadas a las que ya estamos acostumbrados.

El plato fuerte de la jornada de hoy es la subida al Puerto del Palo, el cual ronda los 1106 metros de altura, y además resulta ser el techo de este Camino Primitivo. Yo ando con él en la cabeza, en si de verdad será tan duro como nuestra guía nos lo comenta. El tramo continúa con sus pequeñas avanzadillas de bajadas y subidas, haciéndonos creer por momentos que al final no será tan duro como esperábamos. Lucía nos alcanza y camina con nosotros algunos metros, el terreno es algo dificultoso y la gran cantidad de piedra suelta nos impide llevar un ritmo regular. Tras cruzar unos cuantos restos de riachuelos perdemos de vista a Lucía, que parece que sus nuevas zapatillas le funcionan muy bien, mientras nosotros proseguimos nuestro ascenso. Las subidas se hacen cada vez más fuertes, paramos de vez en cuando para recuperar, respirar, descansar, seguir, respirar, descansar, seguir...y así las veces que hacen falta. 

Ascendiendo al Puerto del Palo
A Vero la veo sufrir, está siendo duro, bastante duro el tramo final de esta subida al Puerto del Palo, el ascenso alterna terrenos de asfalto, los peores, con otros de tierra. En ocasiones he de ir inclinado hacia delante para que el peso de la mochila no me haga caer dada la inclinación de subida que hay y por primera vez desde que empecé esta aventura pienso en llegar, llegar, llegar arriba, parece que al aire se le hubiera olvidado entrar en mis pulmones. Echo la vista atrás y veo a mi hermana luchando contra las alturas, contra el aire y la naturaleza, contra ella misma. La espero y cojo su mochila, cargo con la mía y con la suya y subo, subo sin parar, sin pensar. El final de este tramo está cerca, después de uno o dos parones, al fin y al cabo son 17 kg a mi espalda, llegamos arriba, al techo, a la cima. Allí nos deleitamos la vista con algunos caballos en libertad, a modo de premio por el esfuerzo realizado. Nos tomamos fotos, y descansamos unos minutos antes de afrontar el segundo punto fuerte de la jornada, un descenso muy pronunciado que nos llevará a la aldea de Montefurado.


¡Por fin arriba!
Descenso a Montefurado
El descenso impresiona por su tremenda inclinación y su terreno inestable, pues se trata de mucha gravilla y piedras sueltas que nos hacen calcular de forma precisa cada una de las pisadas. En este tramo vamos muy lentamente, le digo a Vero que no tenga miedo a pisar, que en cuanto tenga un pie apoyado piense ya en donde va a poner el otro, nuestros carácteres chocan y discutimos, es el punto negro de la jornada. Avanzo sin esperarla durante más de media hora, pienso que este Camino me está superando y cada etapa se hace más dura y exigente. Paso en solitario Montefurado, una aldea en medio de ninguna parte, escondida entre montes de mil metros y anclada en un pasado algo lejano, sin perder de vista a Vero. Al poco tiempo me siento a esperarla y solucionamos nuestras imperfecciones con un abrazo, un abrazo que, traducido en palabras, por así decirlo, significa que cuando tú pares yo paro y que si hay que dejarlo se deja. Pero Vero es más fuerte que eso y no quiere abandonar, y yo la animo, está superando con nota el tramo más difícil del Camino Primitivo, que es el que cruza por Asturias.
Último kilómetro hacia Berducedo

Tras pasar por Lago, un pequeño pueblo, tomamos un pesado tramo de carretera que dura unos dos kilómetros. Llegamos a un bosque de altos árboles, que parecen cobijarnos y marcarnos el camino hasta Berducedo, el último kilómetro nos lleva por fin a la meta de esta etapa, el albergue se encuentra a la entrada del pueblo, o aldea, o como se prefiera llamarlo, pues Berducedo cuenta con unos 85 habitantes según nuestra guía.

El albergue es muy pequeño, es una antigua escuela (otra más) convertida en albergue de peregrinos, cuenta únicamente con diez plazas repartidas en cinco literas muy apretadas entre sí. La cocina es simple, cuenta con lo necesario, y en cuanto a las duchas dejan algo que desear pero tienen agua caliente. Por lo demás, arriba hay una especie de terraza donde se puede tender la ropa que se desee lavar, aunque el albergue no cuenta con lavadora. Quizá lo más desagradable sea convivir con las miles de moscas que pululan en el albergue, supongo que debido a que al otro lado se encuentra un terreno cercado con unos buenos pares de bueyes y vacas.

En el albergue solo se encuentra Lucía, ha llegado hace una media hora, y nosotros nos instalamos en la pequeña habitación, que más que un albergue parece un refugio de montaña. Decidimos ducharnos e ir a buscar algún lugar donde poder comprar cualquier cosa para comer; Berducedo, como ya he dicho, es pequeño, muy pequeño, y solo cuenta con una especie de tienda-supermercado donde venden un poco de todo, incluyendo algunas cosas caducadas. Compramos arroz, atún y algunas cosas para pasar la tarde, principalmente guarrerías, y el desayuno de mañana. La dueña de la tienda, que hace las veces de encargada del albergue, es una mujer arisca, no parece querer mostrar mucha simpatía, poco después de comprar viene a sellarnos la credencial.
Albergue de Berducedo

Paso la tarde muy cerca del albergue, donde hay un pequeño parque que cuenta con unas mesas y unos bancos de madera donde es agradable sentarse a escribir, a charlar y a pensar, o simplemente a pensar en no pensar, que al fin y al cabo es una de las cosas por las que vine aquí. Vero se entretiene escribiendo y conversando con un vecino que anda de aquí a allá dando conversación a todo aquel que se encuentra; Lucía también escribe su Camino, mientras el sol va bajando y una leve brisa va enfriando el ambiente, estamos a las puertas de Noviembre y mucho nos está respetando el tiempo por el momento.

A finales del atardecer vuelvo al albergue y me sorprende ver que casi se ha llenado, han llegado Sebastièn y Hélene, además de dos nuevos compañeros de viaje, Alfonso y Jörg, los dos vienen de hacer el Camino del Norte, que comienza en el País Vasco, y ambos llegan de completar la ruta de los Hospitales. Pronto entablamos conversación y decidimos que iremos a cenar al único bar que hay por aquí. 
Tarde de relax

El bar resulta ser una especie de bar-pub-restaurante, el dueño o encargado del local también es algo arisco, ¿qué pasa con la gente de Berducedo? Somos los únicos comensales de la noche, así que los cinco nos sentamos a la mesa. La noche discurre en un ambiente fluido, cada uno con su historia, su origen y sus porqués de estar aquí, entrelazando historias y uniendo lazos que uno no sabe cómo. 

Los platos no resultan ser nada del otro mundo, yo ceno un plato combinado de ensalada, patatas y algo de carne, al final de la noche Lucía le pide amablemente al dueño si nos invita a un chupito, y la respuesta es NO. Así que nos marchamos al albergue, son casi las 22h, ya ha empezado a refrescar, en el albergue ha llegado una nueva, y última, peregrina, ha llegado bastante tarde dicen, es americana y no ha hablado con nadie prácticamente, sus dotes para roncar van a deleitar al escaso público de Berducedo esta noche, gracias a que traje mis tapones yo me libraré.

Un nuevo día se cierra en un lugar algo perdido de Asturias y del mundo, hemos conocido a dos nuevos compañeros que de algún modo también marcarán nuestro Camino, ese Camino que buscamos cada mañana y nos recompensa cada noche, mañana toca un poco más, buenas noches.