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viernes, 24 de enero de 2014

Camino primitivo '13 - Etapa 2: San Juan de Villapañada - Salas


Suena el despertador...falta poco para que den las siete de la mañana, el segundo despertar siempre es el más duro, escucho a mi hermana decir "Nooo"...pero hay que levantarse y recoger trastos para volverlos a meter, cada vez con menos orden, en la mochila. Hay ropa que no se ha secado, ayer lavamos calcetines y camisetas y siguen todavía algo húmedos, pienso en colgarlos con imperdibles a la mochila y que se vayan secando según avanza la etapa, pero me da pereza y, aún húmedos, acaban dentro. Desayunamos con Lucía cuatro cosas, unos croissants secos made in Grado y algún zumo, y nos tragamos la pereza de salir como podemos. Salimos del albergue los tres juntos y cerramos con llave. Domingo, el hospitalero, nos dijo ayer que el tiempo parece que nos respetaría un par de días, pero que en Asturias nunca se sabe, si al cielo le da por llorar, llora. Nos colocamos el frontal Vero y yo, todavía queda para que amanezca, al menos no hace el frío que esperábamos cuando partimos de nuestra cálida isla. Desandamos lo andado de ayer hasta el cruce en el que nos desvíamos hacia el albergue. Allí, seguimos en progresiva ascensión, qué mejor forma de comenzar una mañana que con una subidita de las majas. Voy animando a mi hermana, nuestras espaldas todavía no se llevan bien con los kilos cargados en ella, y me he hartado de decirle que estire antes de salir, pero mis éxitos en conseguirlo han sido escasos.


Bonitas vistas dejando atrás Cornellana
Poco a poco la subida se va haciendo más llevadera, nos vamos parando cada cierto tiempo para respirar y recuperar fuerzas, y así llegamos al Alto del Fresno, uno de los puntos altos de la jornada. Ya ha amanecido y parece que el día nos acompañará, si es que al que madruga Dios le ayuda, o eso dicen... Continuamos cruzando pequeños pueblos, aldeas donde parece haberse detenido el tiempo, donde las tradiciones persisten, donde se trabaja la tierra y la tierra recompensa el trabajo. Empiezan los "subeybaja" que tanto había escuchado y leído de este Camino, al que algunos llaman "rompepiernas" por la cantidad de desniveles que hay, sobre todo en las etapas asturianas, aunque no son muy pronunciados, empiezo a preguntarme si habrá algo edificado sobre llano por estas maravillosas tierras, a pesar de todo, el paisaje recompensa y de qué manera.


Monasterio de San Salvador
A Vero le cuesta mantener el ritmo a causa del peso de la mochila y Lucía se ofrece a llevarle algo en la suya, Vero, tras cabezonear un poco, acepta y le pasa el neceser, un par de gramos menos en la mochila se notan, creedme. Así llegamos a Cornellana, un bonito pueblo al que no llegamos a entrar, sino que antes de llegar a él, giramos a la izquierda bordeándolo, donde el Camino nos lleva a los pies del Monasterio de San Salvador, que data del siglo IX y que en el siglo XII pasó a formar parte de la orden francesa de Cluny, pasando a ser uno de los monasterios más importantes de Asturias. Hoy en día está abandonado, sin que las autoridades hagan nada por conservarlo o restaurarlo, una pena. A un compañero nuestro que conocimos más tarde le sirvió como alojamiento "espiritual", como él dijo, seguro que fue una experiencia. En este punto Lucía decide parar a descansar un rato, sus botas le están destrozando los talones y alguna ampolla ha asomado la cabeza. Le devuelve el neceser por si acaso no nos encontramos más adelante, aunque los tres tenemos la idea de acabar en Salas. Vero y yo seguimos dejando Cornellana atrás y en subida por carretera.
Dejando atrás Cornellana



Continuamos avanzando entre senderos de tierra, boscosos y algunos tramos por carretera, tras cruzar una cantera, Lucía nos alcanza, y con ella vamos acercándonos a Salas. A pesar del buen día que hacía, se pone a llover un rato, y es que Asturias es así, como ya nos dijo Domingo. Nos ponemos nuestros bonitos ponchos y a caminar. La lluvia dura un suspiro, y comienza a salir de nuevo el sol, fuera ponchos, vemos más cerca Salas. 

Entramos al pueblo por algunas carreteras secundarias, algunas calles con chalets y  pocas indicaciones para llegar al centro del pueblo. En Salas hay dos albergues, uno municipal y otro privado, el Albergue La Campa, en la guía leímos que el municipal está un poco abandonado, no tenía utensilios para poder cocinar y, además, quedaba algo alejado del centro del pueblo, así que por dos euros más dedidimos ir al privado, que se encuentra al lado de la plaza del centro de Salas, perfectamente ubicado para salir al día siguiente. Llegamos a Salas y comienzan a caer cuatro gotas, algunos rayos de sol anuncian que no será por mucho tiempo, pero me da pereza sacar el poncho. 
En el centro de Salas, listos para comer

Llegamos al albergue antes de la 13h, está cerrado, en la puerta hay un cartel que indica que recojamos las llaves en el bar de al lado, que el hospitalero llegará sobre las 15h. Me acerco al bar y recojo las llaves. Entramos al albergue, a mano izquierda quedan las camas, a simple vista parece un lugar acogedor y limpio, y la verdad es que lo es. Elegimos las camas y volvemos a deshacer la mochila, ropa por aquí y por allí, cosas que lavar y otras que guardar, cosas que a veces no sabes de donde han salido, cosas que mañana volveremos a meter dentro de una manera totalmente distinta a la manera que entraron esta mañana. Soy el primero en ducharme, las duchas no son nada del otro mundo, pero unas cortinas más largas no vendrían nada mal ya que casi convierto el baño en una piscina lustral.

Cocina del Albergue La Campa
Tras ducharse Vero, vamos a un súper a comprar algo para comer, cenar y picar. Nos hacemos unos platazos de arroz con atún y salchichas que saben a gloria. Al albergue no ha llegado ningún peregrino más, parece que seremos de nuevo nosotros tres los únicos que dormiremos aquí. El hospitalero llega sobre las 16h y nos dice a nosotros y a Lucía que si queremos que nos traslademos a las habitaciones de arriba, es cuando me entero de que las hay, que son más pequeñas y guardan mejor el calor. Así que no lo pensamos mucho y cogemos nuestras mochilas y nos instalamos arriba, en la habitación hay dos literas, aquí estamos más cómodos. El hospitalero y su mujer viven arriba, en un piso situado encima del albergue, tienen un niño que no deja de corretear, a juzgar por las pisadas que se dejan sentir desde arriba. Vero y yo, más bien Vero, lavamos la ropa en el lavabo, no hay lavadero, y yo me dedico a tender, a lo fácil, tendré cara..

Salimos a dar una vuelta por el pueblo, Vero está cansada y preocupada por si alguien entra al albergue, ya que no podemos cerrarlo por si viniera algún peregrino más, y
Salas
vuelve allí. Lucía y yo entramos en unos chinos, necesita un frontal y encuentra uno más o menos fiable. Yo paso la tarde paseando por el pueblo, escribiendo y escuchando música, me siento en un banco, al lado del río que cruza Salas, y algunos vecinos me saludan, dándole al ambiente un ambiente familiar que me agrada. Disfruto de esos momentos de soledad, de estar en un lugar de paso, donde nunca he estado y que mañana dejaré.

Lucía, Vero y yo reponiendo fuerzas

Por la noche quedamos los tres para tomar unas cañas en un bar situado en la plaza del pueblo, en las noticias anuncian que un temporal está pasando por Galicia, aún faltan algunos días para cruzar la frontera que separa Asturias de Galicia, aún queda tiempo para que el tiempo amaine.

Volvemos al albergue, nos cenamos otro plato de arroz con salchichas, hidratos y proteínas que no falten, hay que acabar con lo que hemos comprado, y como premio a estas dos etapas me regalo una Mahou negra que me sabe a cielo. Preparamos las cosas para mañana, dejamos lista la ropa, recogemos la tendida y la que no se seca la colgamos en una habitación cercana para que con el calor del albergue se vaya secando. 

Mañana nos espera Tineo, a unos 20 km de aquí, pronto vendrán las etapas duras, los "subeybaja" interminables. Apagamos luces, un día acaba, y, entretanto, los sueños empiezan. Buenas noches.

lunes, 20 de enero de 2014

Camino primitivo '13 - Etapa 1: Oviedo - San Juan de Villapañada


Bollywood en Santander con "Los hijos de la
medianoche"
Tras pasar las últimas quince horas deambulando por Santander, matando tiempo en un cine de aquellos en los que sonaba aquello de "Mooovierecord!"(cuya peli se hizo más larga que cualquiera de las etapas del Camino), y una pesada noche entre la estación de buses y el bus que nos llevaba a Oviedo, llegamos a eso de las 6:00 a la ciudad asturiana. Fuimos a desayunar a la cafetería de la estación para reponer algo de fuerzas, en el bus había conseguido dormir una media hora seguida, toda una proeza, mi hermana un poco más de lo mismo. Así que desayunamos, nos preparamos el atuendo, frontal a mano, cámara también a mano y guía en mano para comenzar a salir de Oviedo y no perdernos en el intento. 


Despidiendo a Oviedo con una sonrisa
Salimos de la estación y...lluvia! Qué mejor manera de empezar el Camino, hay que decir que no era muy intensa, pero es de esa lluvia que jode, de esa que no te das cuenta y acabas empapado. Tocaba estrenar el poncho/chubasquero, y bendita la hora en que me lo compré, no dudéis en llevaros uno si hacéis el camino, que os cubra de pies a cabeza, incluida la mochila, ya que en mi caso no llevaba ningún cubremochila. Al poco tiempo paró, y dado lo calurosos que somos mi hermana y yo, en seguida nos lo quitamos, no hacía frío para ser finales de octubre y estar en el norte. Empezamos a buen ritmo, siguiendo las conchas que hay dispersas por la ciudad que te van guiando hacia la salida de Oviedo, Como dato curioso, en Asturias hay que seguir la concha en el sentido en que se cierran sus puntas, en cambio, en Galicia es al contrario, hay que seguir la concha conforme sus puntas se abren, según tengo entendido, son cosas de asociaciones de Amigos del Camino, así que tenerlo en cuenta, que en Galicia cambia la cosa y no querréis volver atrás. Pues, como decía, comenzamos a salir de Oviedo, dejando atrás la ciudad y empezando a recorrer algún polígono y alguna carretera secundaria. Ya amaneciendo comenzamos a llegar a los primeros pueblos y a las primeras aldeas, escuchando de fondo a las vacas y a los toros que nos acompañarían en cada etapa del Camino. El ritmo era bueno, a pesar del poco tiempo que habíamos dedicado a eso de dormir, la subida a Escamplero fue quizá el punto más fuerte de la etapa, una subida con un desnivel importante que condicionó el resto de la etapa a mi hermana y también a mí. Uno no se acostumbra en unas horas a ir cargado con 8-10 kg de peso a la espalda y a hacer 25-30 km con ella al día, sino que tarda un par de días en coger la postura y la fuerza necesarias. A pesar de todo y al ser la primera etapa seguíamos restándole kilómetros al Camino con una sonrisa, buscando el lado bueno de las cosas.


Santa María de Lloriana
Subidas y más subidas!
Tras unas cuantas subidas y bajadas de poca importancia y de dejar atrás pequeñas aldeas con bonitos hórreos, comenzamos a divisar al fondo el pueblo de Grado, el primer pueblo tras dejar Oviedo con más de 200 habitantes. La llegada a él se hizo larga, se llega en descenso, con Grado en tu punto de mira, mires donde mires. Se entra por una especie de polígono industrial y poco a poco, callejeando y siguiendo las flechas amarillas que nos marcan el Camino, llegamos a Grado. Allí teníamos pensado proveernos de algo de comida y alguna bebida para ir tirando hasta el albergue, preguntamos a un señor y nos dijo que los lunes, era lunes, cerraban la mayoría de establecimientos, pero que había uno abierto, el señor, muy amable, nos acompañó y todo. Tras comprar alguna cosa para el momento, y otras tantas para comer, merendar, cenar y desayunar, pues en San Juan de Villapañada no hay más servicios que el albergue y casas particulares, desandamos lo andado y retomamos el camino.  Aquí empezó la parte más dura de la etapa, era cerca de la 13h y el sol comenzaba a apretar, sí, a finales de octubre y en Asturias, y a parte de llevar 25 km en las piernas y dos horas de sueño repartidas entre los dos, empezaba a fallar la fuerza mental, esa que te tiene que llevar a Santiago. La salida de Grado fue difícil, pues apenas había señalizaciones que nos indicaran el trazado, pasamos por su centro histórico, bastante majo por cierto, al cual volvimos porque nos perdimos entre sus numerosas callejuelas, tras observar la guía decidimos volver al punto donde habíamos comprado las cosas y de allí, olvidarnos del trazado del mapa de la guía, seguir por carretera, sin pasar por su centro histórico, que es más fácil y menos confuso. En muchas ocasiones, los trazados del Camino se han ideado para que visites tal pueblo y su centro histórico, y de paso compres algo, en parte, el Camino no deja de ser otro negocio más.
Peñaflor, antes de llegar a Grado

 Vero comenzaba a estar muy cansada, el calor unido a los nervios a veces deja ver nuestra peor versión, y tras darle un discurso sobre si iba a abandonar en la primera etapa, continuamos el camino, que solo ascendía y ascendía por pistas de tierra. Tras un buen rato sin cruzarme con nadie, solo escuchando el sonido del viento y el de cada una de mis pisadas, pues Vero iba algo más atrás, vi al fondo a un hombre con un par de perros. Le pregunté que donde quedaba el albergue de San Juan, me dijo que nada, que ahí al lado, siguiendo ese camino y a la derecha en un cruce. "¡Qué fácil!...¡Ya está!.." pensé, yo animando a Vero, "venga, que ya está hecho" le decía. Pues bien, ese "nada" que quedaba se puede traducir a casi una hora más de camino por las mismas pistas de tierra que ya comenzábamos a odiar. Es cierto que todo influía, como decía, las pocas horas de descanso y de sueño, el peso de la mochila, el creer que, según la guía, quedan 3,5 km para el albergue desde Grado y que se conviertan en casi 6...el ir y volver al centro de Grado para encontrar las flechas que nos marcan el Camino...

Pues bien, tras una media hora más llegamos al cruce que me dijo el señor de los perros, en ese cruce, debíamos girar a la derecha, tras pasar por numerosas casas particulares, chalets y casas de campo, llegamos a una explanada donde nos daba la espalda una pequeña capilla, allí había un hombre, al que pregunté donde quedaba el albergue y me dijo que era aquí mismo, que diera la vuelta a la capilla, que podía entrar y dejar las mochilas, el hospitalero llegaría sobre las 18h. Pues bien, ¡aleluya!, al fin llegamos, Vero estaba cansada, lo notaba en sus ojos, en su forma de hablar, tuve miedo de que decidiera abandonar a las primeras de cambio, me sentí un poco mal por haberla traído al Camino más duro, el primitivo, pero por suerte, mi hermana es fuerte y 35 km no la iban a vencer.

El albergue estaba vacío, no había llegado nadie, a primera vista el albergue era, y es, muy majo, tiene una terraza exterior con algunas mesas y bancos de madera donde poder descansar. El problema es que al estar muy cerca de establos y de zona de campo, dentro había cientos y cientos de moscas, algunas vivas, otras muertas, muchas en los colchones ya sin vida, y unas no pocas revoloteando entre la cocina y la habitación común. Elegimos cama y dejamos todos nuestros pertrechos entre el suelo y la cama, entre el cansancio y el placer de haber llegado. Fui directo a la ducha, en la que por supuesto había moscas y algún mosquito rezagado. A mi hermana le había salido la primera ampolla, en la primera etapa, mejor imposible, le dije que se la mirara y que si hacía falta se la curara, las ampollas se pueden convertir en un muy mal compañero de viaje si no se cuidan bien, es importante untarse los pies con vaselina antes de salir en cada etapa, así el contacto del pie con el calcetín es más suave y provoca menos fricción entre ellos, lo que puede provocar la aparición de las ampollas. Una vez duchados, llegó otro huésped más, era una chica de Madrid, Lucía, con la que hicimos buenas migas y con la que a lo largo del Camino hicimos un buen grupo junto a más gente que fuimos conociendo. Ella estaba un poco como nosotros, desquiciada por el "donde está el albergue".


Interior del albergue
Terraza
La tarde pasó tranquila, el clima era bueno y apetecía estar en la terraza, leyendo, escribiendo las anécdotas del día. Al final de la tarde llegó el hospitalero, Domingo, un hombre muy majo, el cual nos selló la credencial y nos explicó una a una las etapas que nos quedaban hasta llegar a Santiago, nos aconsejó donde parar y donde no parar, algo que nos sirvió tanto a Lucía como a nosotros para modificar algunos puntos de nuestras rutas. Domingo se ofreció a hacernos la cena, a pesar de que nosotros insistimos en que no hacía falta, pero el ganó la partida y nos preparó unos macarrones riquísimos junto a unas tazas de té. Estas son las personas que marcan un Camino, personas desinteresadas que ofrecen sin pedir nada a cambio, que te animan a levantarte al día siguiente y caminar otros 30 km, las que te hacen ver que el Camino no solo es llegar, si no que entre medias hay mucho más.

Tras irse Domingo, los tres, porque solo fuimos tres aquella noche, nos fuimos a dormir, al día siguiente nos esperaban sólo 21 km. Cerramos el quiosco y junto a moscas y mosquitos, aparcamos el Camino durante unas horas.

sábado, 18 de enero de 2014

Camino primitivo '13 - Preparativos


  
Recorrido del Camino primitivo, el cual se une en Melide con el
Camino Francés, y en Arzúa con el Camino del norte.
Un nuevo camino y una nueva experiencia nos esperaban a mi hermana y a mí en Oviedo, punto de partida de este Camino primitivo. Lo de "primitivo" no es porque nos fuéramos a encontrar a algún neanderthal perdido o un homo erectus de paso, sino que hace referencia a que es el primer camino del cual se tienen referencias históricas. El rey Alfonso II de Asturias partió con su séquito de Oviedo en el siglo IX con la idea de visitar la tumba del apóstol Santiago, descubierta hacía poco tiempo. El trazado de aquella primera peregrinación coincide bastante con el actual, a pesar de las numerosas variaciones que ha sufrido el paisaje "gracias" a la mano del hombre. Aunque también hay que admitir y reconocer el esfuerzo de las diferentes asociaciones por conservar y cuidar esta histórica ruta, tanto en Asturias como en Galicia.

No me lo pensé mucho a la hora de decidir hacer este viaje, esta aventura. Con poco más de dos meses de antelación mi hermana y yo teníamos todo el equipo listo en una mochila cargada de ilusiones y de ansia por empezar a caminar. Para mí era mi segundo camino, de alguna manera sabía lo que podía encontrarme, sobre todo a la hora de cuidarte los inconvenientes que van surgiendo etapa tras etapa, esos inconvenientes se llaman ampollas, las cuales sufrí en mi primer camino y estuvieron a punto de vencerme y abandonar. Esta vez iba con un mejor calzado, unas trekking Bestard, de la tierra, como toca, y parecían más fiables que aquellas Quechua que tanto me hicieron sufrir. Para mi hermana era el primer camino, y aunque yo le pudiera orientar a lo que se podía encontrar, uno no sabe lo que es el Camino hasta que lo prueba, hasta que lo sufre y lo ama,  hasta que lo maldice y lo añora.

Con un Camino de más, uno aprende, o eso creo, a distribuir un poco mejor el interior de la mochila. Las cosas básicas que uno debería llevar, aunque depende de la temporada en que se realice el Camino, son al menos: dos pantalones, dos camisetas, un cortavientos o chaqueta fina, uno o dos jerseys, 3 pares de calcetines y 3 prendas de ropa interior y por supuesto un buen calzado, además del necesario saco de dormir. El botiquín debe ser completo, es decir, no deben faltar gasas, aguja hipodérmica e hilo para coser las ampollas, yodo para desinfectar, algunos antiinflamatorios por si las moscas, algodón...seguro que se me olvida algo, pero en fin, durante el Camino te encuentras sí o sí alguna farmacia que otra en la que puedes comprar lo que te falte o te hayas olvidado.
2:00 a.m. Estación de buses de Santander, Un par de horitas antes del
comienzo de la primera etapa.

Con todo esto, nos calzamos las botas, cargamos nuestras mochilas a los hombros y partimos con Ryanair rumbo a Santander, desde donde cogeríamos un bus nocturno a Oviedo. Suena muy bonito y muy guay, pero si queréis empezar el Camino de Santiago en condiciones, no durmáis la noche anterior a bordo de un bus. Se sobrevive, sí, pero ¡os acordaréis toda la siguiente mañana!