Suena el despertador...falta poco para que den las siete de la mañana, el segundo despertar siempre es el más duro, escucho a mi hermana decir "Nooo"...pero hay que levantarse y recoger trastos para volverlos a meter, cada vez con menos orden, en la mochila. Hay ropa que no se ha secado, ayer lavamos calcetines y camisetas y siguen todavía algo húmedos, pienso en colgarlos con imperdibles a la mochila y que se vayan secando según avanza la etapa, pero me da pereza y, aún húmedos, acaban dentro. Desayunamos con Lucía cuatro cosas, unos croissants secos made in Grado y algún zumo, y nos tragamos la pereza de salir como podemos. Salimos del albergue los tres juntos y cerramos con llave. Domingo, el hospitalero, nos dijo ayer que el tiempo parece que nos respetaría un par de días, pero que en Asturias nunca se sabe, si al cielo le da por llorar, llora. Nos colocamos el frontal Vero y yo, todavía queda para que amanezca, al menos no hace el frío que esperábamos cuando partimos de nuestra cálida isla. Desandamos lo andado de ayer hasta el cruce en el que nos desvíamos hacia el albergue. Allí, seguimos en progresiva ascensión, qué mejor forma de comenzar una mañana que con una subidita de las majas. Voy animando a mi hermana, nuestras espaldas todavía no se llevan bien con los kilos cargados en ella, y me he hartado de decirle que estire antes de salir, pero mis éxitos en conseguirlo han sido escasos.
| Bonitas vistas dejando atrás Cornellana |
| Monasterio de San Salvador |
| Dejando atrás Cornellana |
Continuamos avanzando entre senderos de tierra, boscosos y algunos tramos por carretera, tras cruzar una cantera, Lucía nos alcanza, y con ella vamos acercándonos a Salas. A pesar del buen día que hacía, se pone a llover un rato, y es que Asturias es así, como ya nos dijo Domingo. Nos ponemos nuestros bonitos ponchos y a caminar. La lluvia dura un suspiro, y comienza a salir de nuevo el sol, fuera ponchos, vemos más cerca Salas.
Entramos al pueblo por algunas carreteras secundarias, algunas calles con chalets y pocas indicaciones para llegar al centro del pueblo. En Salas hay dos albergues, uno municipal y otro privado, el Albergue La Campa, en la guía leímos que el municipal está un poco abandonado, no tenía utensilios para poder cocinar y, además, quedaba algo alejado del centro del pueblo, así que por dos euros más dedidimos ir al privado, que se encuentra al lado de la plaza del centro de Salas, perfectamente ubicado para salir al día siguiente. Llegamos a Salas y comienzan a caer cuatro gotas, algunos rayos de sol anuncian que no será por mucho tiempo, pero me da pereza sacar el poncho.
| En el centro de Salas, listos para comer |
Llegamos al albergue antes de la 13h, está cerrado, en la puerta hay un cartel que indica que recojamos las llaves en el bar de al lado, que el hospitalero llegará sobre las 15h. Me acerco al bar y recojo las llaves. Entramos al albergue, a mano izquierda quedan las camas, a simple vista parece un lugar acogedor y limpio, y la verdad es que lo es. Elegimos las camas y volvemos a deshacer la mochila, ropa por aquí y por allí, cosas que lavar y otras que guardar, cosas que a veces no sabes de donde han salido, cosas que mañana volveremos a meter dentro de una manera totalmente distinta a la manera que entraron esta mañana. Soy el primero en ducharme, las duchas no son nada del otro mundo, pero unas cortinas más largas no vendrían nada mal ya que casi convierto el baño en una piscina lustral.
| Cocina del Albergue La Campa |
Salimos a dar una vuelta por el pueblo, Vero está cansada y preocupada por si alguien entra al albergue, ya que no podemos cerrarlo por si viniera algún peregrino más, y
| Salas |
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| Lucía, Vero y yo reponiendo fuerzas |
Por la noche quedamos los tres para tomar unas cañas en un bar situado en la plaza del pueblo, en las noticias anuncian que un temporal está pasando por Galicia, aún faltan algunos días para cruzar la frontera que separa Asturias de Galicia, aún queda tiempo para que el tiempo amaine.
Volvemos al albergue, nos cenamos otro plato de arroz con salchichas, hidratos y proteínas que no falten, hay que acabar con lo que hemos comprado, y como premio a estas dos etapas me regalo una Mahou negra que me sabe a cielo. Preparamos las cosas para mañana, dejamos lista la ropa, recogemos la tendida y la que no se seca la colgamos en una habitación cercana para que con el calor del albergue se vaya secando.
Mañana nos espera Tineo, a unos 20 km de aquí, pronto vendrán las etapas duras, los "subeybaja" interminables. Apagamos luces, un día acaba, y, entretanto, los sueños empiezan. Buenas noches.

