Todavía no ha sonado el despertador pero yo ya he abierto los ojos, tal vez porque nací madrugador y así ha sido hasta hoy. Los muelles de mi colchón se quejan al separar mi espalda de él, intento hacer el menor ruido posible, pero en este cubículo, perdón, albergue, parece ser una difícil tarea. Cojo el frontal para guiarme y poder coger todas mis cosas y llevarlas a la cocina, donde tendré algo más de espacio para disponer mi mochila; Vero también se despierta casi a la par que yo, aunque ella lleva alguna marcha menos. Poco a poco van despertándose Alfonso, Lucía, Sebastien...Vero y yo desayunamos como podemos, el tema principal de conversación son los ronquidos de la americana, parece ser que ha dado un buen show, yo, afortunadamente, apenas me he enterado.
Somos los primeros en salir, todavía es de noche y afuera reina el silencio, hoy tenemos una ruta un tanto atípica por delante, hemos de superar un desnivel bastante importante, pues hemos de descender unos 800 metros hasta el embalse de Salime y tras él recuperar otros 400 metros de subida hasta llegar a nuestro destino de hoy, Grandas de Salime, la última etapa en Asturias, mañana dormiremos en tierras gallegas. Dejamos Berducedo atrás lentamente, Vero está animada, supuestamente la etapa de hoy, a pesar del gran descenso que nos espera, ha de ser tranquila, en total cubriremos unos 19 kilómetros.
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| Llegando a La Mesa |
Vamos superando tierras enfangadas hasta los topes y ascendiendo lentamente, el rocío matutino y las lluvias de los últimos días han dejado los caminos algo intransitables, y si añadimos el paso de los tractores sobre el fango la cosa se complica más, pues las zanjas abiertas por éstos dejan el barro más líquido y pringoso. Con estos avatares vamos viendo cómo amanece en silencio, escuchando nuestra propia respiración como inseparable compañera, y llegamos de nuevo a la carretera para avanzar por ella dos kilómetros hasta llegar al pueblo que lleva de nombre La Mesa; se trata de
un pequeño pueblo que cuenta con un albergue, sin embargo, en los alrededores no hay ni tienda, ni bar, ni ningún lugar para proveerse, por lo que si no se va con la mochila cargada para comer o cenar no es una buena opción acabar la etapa aquí.
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| Que el buen humor nunca falte |
Dejamos a nuestras espaldas La Mesa y ante nosotros se nos presenta el asfalto, un interminable asfalto en pendiente constante; el ascenso sobre este terreno siempre es más duro, quizá por lo monótono que resulta, así que no queda otra que comenzar la subida, como siempre poco a poco, tomando aire cuando es necesario. En lo alto se ven los aerogeneradores, pequeños ahora y gigantes tras unos kilómetros más, Sigue el silencio, aunque ahora marcado por el lejano sonido que producen las aspas al romper el viento, no hablamos, ahora subimos, pensamos, imaginamos, soñamos, y cada cierto momento nos paramos; mientras tanto, la niebla se instala sobre nuestras cabezas, se respira un aire frío, todavía conservo la braga desde que abandonamos el albergue, sin embargo el cielo es claro y parece que hará un buen día.
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| Subiendo a Buspol |
Por fin superamos el techo de esta etapa, llegamos al nivel donde se hallan los generadores, intentando robarles un poco de aire, ése que les falta a nuestros pulmones. Disfruto de este momento, estamos solos, Vero y yo, los generadores giran y giran, las nubes avanzan y nosotros también avanzamos, estamos contentos tras superar esta dura subida.
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| Aerogeneradores |
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| Buspol |
Buspol es una aldea muy pequeña, me recuerda a Montefurado, y tras dejarla atrás comenzamos la bajada hasta el embalse de Salime, que según nuestra guía es el plato fuerte del día.
Nos paramos para reponer fuerzas con algunas barritas y algunos zumos, todavía no nos hemos cruzado con nadie, son las 9:30 de la mañana y el sol empieza a despuntar desde lo alto. La dificultad de la bajada hasta el embalse no radica en su dureza, pues aunque hay algunos tramos con fuerte pendiente hacia abajo, la mayoría son controlables, lo complejo es su duración, es una bajada en zig-zag, no es un descenso directo. Desde lo alto veo el embalse, el cual debemos cruzar una vez que estemos abajo, pues al otro lado está Grandas, nuestro destino de hoy. Avanzo más rápido que Vero, y me paro para esperarla, Lucía nos alcanza, intercambiamos opiniones sobre la subida a Buspol y planeamos ver esta tarde el pueblo y de paso ver el R.Madrid - Barcelona, que juegan esta tarde. Lucía prosigue su camino y quedamos en vernos más tarde.

Vero empieza a estar cansada, y más que en sus piernas o en su ritmo, lo noto en su humor, el embalse parece estar cerca, muy cerca, pero el camino sigue y sigue, parece no tener fin. El sol ya domina el cielo, y es hora de quitarse capas de ropa; por fin volvemos al asfalto, signo de que el cruce del embalse está cerca, la distancia entre Vero y yo se ha prolongada bastante, me propongo llegar hasta el embalse y allí esperarla.
Las vistas impresionan, merece la pena cada paso que damos y cada bocanada de aire que expulsamos, aquí abajo hace más fresco y vuelvo a ponerme la sudadera mientras espero a Vero contemplando el paisaje; un autocar de turistas llega al embalse, ¿será el embalse una atracción de la zona?, sin duda es digno de ver, aunque no sé hasta qué punto pueda tratarse de una visita guiada, decenas de señores y señoras bajan los peldaños del autocar y unos más que otros observan a un peregrino sentado que parece esperar a alguien. Vero llega una media hora después, las ampollas le están minando las fuerzas, la veo cojear, intentando pisar sobre el lado que menos duele, me veo en ella cuando hice mi primer Camino y se que es duro.
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| Embalse de Salime |
Y ahora comienza de nuevo la subida, la última, la que nos llevará a Grandas. Cómo no, la subida es en asfalto, cuando las piernas fallan, es muy fácil que nuestra cabeza también falle, por eso intento ir lo más cerca de Vero posible, intentando bromear y echarle gracia al asunto. En ocasiones funciona, en otras no, pero yo sé que puede, y aunque yo no estuviera ahí, ella llegaría de todas formas. Nos hacemos fotos y recordamos viejos tiempos, porque aunque los kilómetros sean los mismos, los minutos se tornan más ligeros.
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| Su cara lo dice todo :-) |
Llegamos hasta el Hotel Grandas, sé que desde aquí quedan unos 4 kilómetros hasta nuestro destino de hoy, por eso nos alegramos y motivo a mi hermana a seguir. Un hombre nos escucha, está saliendo del hotel y se dirige para coger su coche, cuando nos dice si queremos subir con él hasta Grandas, Vero me mira, pero yo le respondo amablemente que muchas gracias pero no, tenemos que subir a pie después de todo lo que llevamos, Vero se lo toma con humor. Tras mucha carretera, llegamos por fin al desvío que nos lleva por caminos de tierra y bosque hasta las primeras casas de Grandas, el último trocito de Asturias en el que dormiremos, pasamos por delante del Museo Etnográfico, del que he leído buenas críticas, unos caballos nos dan la bienvenida y...¿dónde está el albergue? Seguimos y seguimos caminando y vemos cómo vamos dejando atrás el pueblo, hasta que preguntamos a un vecino y nos dice que vamos bien, que el albergue está al final de Grandas. Recuperados del susto, observamos que el único supermercado del pueblo acaba de cerrar hace media hora, son alrededor de las 14h y los sábados por la tarde no abre...Bien!! Más tarde nos enteramos de que en el centro hay una máquina expendedora de bollería, que al menos nos servirá para desayunar mañana por la mañana.
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| Bienvenido a Grandas |
Llegamos al albergue y allí nos encontramos a Lucía, que acaba de salir de la ducha, no hace mucho que ha llegado, también está Vicente, el hombre que comenzó su periplo, al igual que nosotros, en la estación de autobuses de Santander. Ha pasado una noche aquí y está esperando a un amigo que ha de llegar para retomar el Camino juntos, tengo entendido que cómo máximo un peregrino puede pernoctar dos noches en un mismo albergue, siempre que haya plazas disponibles o por que lo dicten causas de cierta importancia (lesiones, enfermedad...). El albergue cuenta con 24 plazas, tiene dos plantas, abajo se encuentra la recepción, una sala de estar con algunos libros y revistas, la cocina y dos literas. Arriba se encuentran los baños y el resto de plazas de litera, una sala alargada y bien acondicionada, en resumen, es un albergue bien cuidado y muy limpio.
Al poco tiempo llegan Alfonso y Jörg, y algo más tarde Sebastien y Helene, ya estamos todos de nuevo juntos. Vero y yo hacemos algo de pasta que llevamos en la mochila y más tarde aprovechamos para poner una lavadora junto a los demás, entre todos ponemos 5 euros. Subo a la habitación a relajarme y a ordenar un poco mis cosas, y aprovecho para escribir y plasmar con mi mano todo aquello que es tan difícil de explicar con la boca. Vero y yo nos dormimos, el cansancio acumulado nos puede.
Tras la siesta, tendemos en la parte de atrás la ropa lavada; Alfonso propone ir a ver el museo etnográfico, pero decidimos ir a ver un poco el pueblo junto a Lucía, quedando más tarde todos en el único bar que parecen poner el Madrid-Barça. Hace una fría tarde soleada, es agradable pasear sin ningún rumbo, sin tener que busca la siguiente flecha amarilla o el próximo hito que nos guíe el Camino. Visitamos la antigua Colegiata de San Salvador de Grandas, del siglo XVII, rodeamos su pórtico columnado, intento imaginar a todos esos peregrinos que se han cobijado del frío o de la lluvia bajo estos mismos techos, aquí, donde mis pies están pisando en este momento.
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| Colegiata de San Salvador |
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| Pórticos |
Son las 18:00h y nos hemos reunido en el bar junto a Jörg y Alfonso, hemos tenido suerte y hemos encontrado una mesa libre al fondo del local, parece que la mayoría son culés, Vero y yo estamos en territorio enemigo, Lucía simpatiza con el Madrid, Alfonso con el Barça, y Jörg.., Jörg es neutro. Pedimos unos bocadillos y algunas botellas de sidra, hay que despedirse de Asturias como toca. Aunque nuestro equipo pierde, pasamos una divertida tarde, en Grandas hay buen ambiente y tras el partido la gente no se marcha; Alfonso nos dice de ir a cenar a un restaurante que hay cercano, pero tenemos que mirar el bolsillo y además tenemos unos sobres de pasta en la mochila, así que nos vamos hacia el albergue, recogemos nuestras prendas que han estado tendidas toda la tarde y nos hacemos la cena, una cena ligera, estamos cansados y tenemos ganas de coger la cama.
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| Habitaciones |
No hay nadie arriba, todos están fuera, cenando, paseando, riendo, conversando, probablemente junto a personas que hace unos días eran desconocidas; hechos y situaciones que se viven todos los días en cualquier lugar del mundo, pero que aquí, sin que uno se dé cuenta, son diferentes, y eso es algo que sólo percibimos a través del tiempo.
Estoy agotado, oigo a Vero remover cosas en su mochila, oigo sonidos provenientes de fuera, escucho las voces de quienes van llegando, y también percibo levemente el resonar de algunas gaitas gallegas, mañana dejamos atrás Asturias y seguimos la aventura por Galicia. Boas noites