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lunes, 20 de octubre de 2014

Camino Primitivo '13 - Etapa 7: Grandas de Salime - Padrón



Las siete y veinticinco de la mañana, el despertador se despierta y con él me despierto yo, hoy no he dormido bien a pesar de que ha sido el día que más horas he descansado, incluso hemos dormido una hora de más ya que ayer noche se retrasaba la hora. Me duele la espalda y por momentos la rodilla izquierda me recuerda los kilómetros que lleva acumulados. Vero se despierta poco después que yo y bajamos abajo para desayunar y cargar las mochilas. Todavía es de noche y afuera hace bastante fresco, tenemos por delante unos 29 km de ruta, queremos llegar hasta Padrón, donde teóricamente acabaremos todos. 

Desayunamos lo que compramos ayer en la máquina expendedora, unos cuantos bollos y unos briks de zumo, no es el mejor desayuno pero dadas las posibilidades que había es mejor que nada. Bajamos las escaleras que dan a la calle, Vero se resiente de sus ampollas, le digo que se le pasará en un rato, cuando el pie y las ampollas se acostumbren al caminar, hace algo de frío y la luna y el silbar de los grillos marcan todavía el tempo musical de la noche.


Últimos kilómetros en Asturias
Mientras va amaneciendo, nuestros pies atraviesan pequeños tramos de bosque, otros tantos de carretera y de vez en cuando alguna pequeña aldea nos recuerda que no estamos solos. A los pocos kilómetros llegamos a Cereijeira, al ser domingo todos los bares están cerrados, pero hay una pequeña tienda donde venden un poco de todo, allí compramos algunos plátanos y un par de zumos para complementar el escaso desayuno que hemos tenido. De paso nos sellan la credencial, que resulta ser el último sello de Asturias. Unos metros más adelante nos encontramos con el valenciano y su compañero alicantino, y tras intercambiar unas cuantas palabras nosotros proseguimos nuestro camino y ellos el suyo.


Bajo su atenta mirada
Atravesamos praderas mientras nos observan algunos bueyes y algunas vacas, Vero se siente algo mejor, cuando el cuerpo se acostumbra y se calienta tras unos kilómetros se hace más llevadero. Yo estoy bien, de hecho no he tenido ningún problema hasta el momento, quizá algunas molestias en las rodillas pero más por cansancio que por algún mal movimiento. Ni punto de comparación con mi primera experiencia en el Camino, donde sufrí más de lo imaginado y llegué a pensar incluso en abandonar. 

La ruta va ganando en altura, de forma progresiva, de forma que nuestros cuerpos también lo notan. Llegamos a Peñafonte, donde nos encontramos con un numeroso grupo de senderistas, pienso en si harán también el Camino, pero pronto descarto la idea al ver sus pequeñas mochilas, incapaces de guardar todo lo necesario para unos cuantos días de marcha. Nos mezclamos un rato con ellos, pues los ritmos son similares, así que mientras yo les adelanto para más tarde esperar a Vero, me los cruzo varias veces. Hace bastante viento, una larga carretera, cuyo final no alcanzo a ver, se extiende ante nosotros, el viento va en nuestra contra, nos pegamos al arcén izquierdo, de vez en cuando pasa algún coche que más bien parece salido de alguna película de acción y hemos de ir con cuidado, aunque en general hay poco tráfico. Por fin nos desviamos de la interminable recta y nos adentramos en un pequeña aldea, tras la cual comienza la subida al Puerto del acebo, de unos 1100 metros de altitud. El Puerto del Acebo marca la frontera natural entre Asturias y Galicia, según nuestra guía el ascenso es progresivo aunque de tener en cuenta, no parece ser tan exigente como el del Puerto del Palo.



Comenzamos la subida poco a poco, sin prisas, es todavía pronto, poco más de las 11 de la mañana, el sol ya está casi en su punto más álgido. Caminamos en silencio, recuerdo haberle dicho a Vero muchas veces que lo más duro ya ha pasado, que Asturias es más exigente que Galicia, por eso hoy tenemos una especie de plus de energía para superar la jornada, por eso la animo siempre que hace falta, siempre que veo en su mirada el cansancio. 
Al fondo vemos los aerogeneradores del Puerto del Acebo, otra vez los dichosos aerogeneradores, lo malo de tenerlos como referencia es que no dejas de mirarlos para ver si ya queda menos, y en ocasiones se hace bastante pesado, lo mismo que correr en cinta y no dejar de mirar cuanto llevas corriendo, un rollo vamos. Así que avanzamos y avanzamos, cada vez aproximándonos un poco más; en el último tramo le digo a Vero que me dé su mochila, ella insiste en que no, pero la consigo convencer y la llevo yo unos cuantos metros  para que ella puede descansar su espalda. Y al fin llegamos a la cima, una explanada se extiende ante nosotros, a ambos lados sentimos el rugir de las aspas, nunca había estado tan cerca de uno, ni en el Puerto del Palo, y la verdad es que impresionan tan de cerca.

Entre Galicia y Asturias
Tras descansar unos minutos continuamos nuestro andar, a pesar de hemos superado el tramo más exigente de la ruta de hoy todavía nos quedan algunos kilómetros. Comenzamos un descenso que nos lleva a una carretera en el que vemos el primer pilón que nos indica el Camino, en Galicia la dirección de la concha cambia respecto a Asturias, así que tenemos que cambiar el chip, no vayamos a confundirnos. Nos alcanza Lucía y compartimos algunos kilómetros con ella. Vero empieza a estar cansada, se trata de un cansancio acumulado tras tantos kilómetros y tras tantas subidas y bajadas, son las ampollas, la ingle, la espalda, y las rodillas, Lucía resulta ser un bálsamo de ánimos para Vero, entre los dos la animamos y le hacemos ver lo orgullosa que ha de estar por haber superado tantos imposibles que ella veía en un principio. Mientras tanto nos encontramos al valenciano y al alicantino, nos echamos algunas risas con ellos, son majos, llevan consigo todo un surtido de embutidos, quesos y hasta una bota de vino, son la leche; más tarde nos los encontraremos y compartiremos esos manjares a unos diez kilómetros de Padrón.

Lucía sigue con su camino y Vero y yo intentamos afrontar lo que nos queda. Se está haciendo una ruta larga a pesar de que no es la de más kilómetros. En una de esas esperas veo a mi hermana más lenta de lo normal, cargando una mochila que parece pesar el doble de lo real, los ánimos se desatan y surge la realidad. Vero hoy no puede más, ha llegado a un límite y le digo que si quiere abandonar pues abandonamos, no sin cierta rabia en mí, pues no me gusta dejar las cosas a medias, pero entiendo que las cosas no se han de hacer por hacer, si no por una razón, y hoy por hoy Vero no puede más. 

La mascota del pueblo
Capilla románica
Hacemos los siguientes kilómetros en solitario, realmente se está haciendo muy pesado hoy, veo Fonsagrada a lo lejos y miro atrás, pero no veo a Vero. Me entretengo con un señor que vive en una casa junto a la carretera, mientras hago algunos parones para no distanciarme mucho de mi hermana; este señor tiene como mascota a un cerdo, muy amigable por cierto, con el cual nos reímos un rato antes de que se vayan a comer. Decido continuar y esperar a Vero más adelante, cruzo algunas capillas románicas del siglo X y XI y a 1 km de llegar a Fonsagrada me detengo y la espero. Al pararme veo que también llegan Alfonso y Jörg a lo lejos. Me alcanzan y hablamos sobre comprar algo en el pueblo para cenar todos juntos esta noche, lo que será imposible, pues en el pueblo todo está cerrado hoy. Llega Vero y, ya en Fonsagrada, decidimos pararnos los cuatro en un bar que hay en lo que parece ser el centro del pueblo. El bar está repleto de gente, es domingo y las familias y los amigos se amontonan tras la barra; pedimos una ración de pulpo y unas cervezas a una chica que no parece saber bien lo que son los modales. Nos sentamos en la terraza y, eso sí, disfrutamos del pulpo y la cerveza como nunca. Nos quedan un kilómetro y medio más hasta Padrón y sabemos que allí no hay nada alrededor en el que poder cenar o avituallarse, tan solo hay una gasolinera a las afueras de Fonsagrada donde poder comprar algo. Preguntamos y averiguamos que en este mismo bar se ofrecen a recoger y a devolver a los peregrinos al albergue de Padrón siempre y cuando cenemos en su bar-restaurante, sin pensarlo mucho le decimos que sí, así que a las 20h quedamos en que nos vengan a recoger.


Pulpo y cerveza en Fonsagrada

Los últimos metros de la ruta resultan ser una pesadilla para Vero, tras el descanso del bar el cuerpo y los músculos se han enfriado y cuesta el doble ponerse en pie y continuar con la tirada. Pasamos la gasolinera, donde me compro una bebida energética y algo dulce para ir tirando. El resto del tramo es carretera y más carretera, monótono hasta hastiar. 
Pero al fin llegamos al albergue, son las 16:15, Vero llega un poco más atrás que yo, Lucía sale a darle un abrazo por que lo ha conseguido, porque ha llegado a pesar de las dificultades de hoy, veo a Vero algo emocionada.


Nuestra habitación
Enseguida nos acomodamos, el albergue se encuentra apartado a la izquierda en plena carretera, por lo que, como ya he dicho, no hay prácticamente nada alrededor. Es una casita de dos pisos, el interior es de madera, da una impresión acogedora, desde el primer momento me gusta. El hospitalero, que habla como de manera automática, nos registra y nos sella la credencial. Hay habitaciones arriba y abajo, subimos al piso de arriba donde hay otras tantas habitaciones, elegimos una donde hay dos literas con algunas viejas y raídas mantas en cada cama. El suelo cruje a medida que lo pisamos, sería un lugar perfecto para rodar un film de terror de bajo presupuesto. En fin, tras dejar los pertrechos, nos duchamos, y por la tarde nos reunimos abajo para hablar de la cena de esta noche y de la ruta de mañana. Mi idea es acabar en O Cadavo, a unos 24 km de aquí, pero finalmente decidimos que estiraremos hasta Castroverde, es decir, unos 8 km más, más que nada para que la etapa Castroverde-Lugo resulte más cómoda de llevar, pues serán 22 km y tendremos más tiempo de disfrutar de la ciudad gallega. Pero Vero me dice que mañana no saldrá conmigo, que ha llegado hasta un límite en el que su cuerpo le pide un descanso, un parón, me dice que cogerá un bus con Helena, la chica alemana, que también anda bastante tocada de su rodilla, y las dos llegarán a Lugo a mediodía, donde nos esperarán hasta que lleguemos dentro de dos días, y allí verá si puede seguir. Sé que le duele mucho tomar la decisión, incluso veo alguna lágrima asomar en sus ojos, pero es la mejor decisión que en estos momentos puede tomar, hoy ha sido un día muy duro, una ruta muy pesada, y al final, cuando te excedes se cobra la factura. Todos animamos a Vero, porque es un ejemplo de superación, porque a veces hay que saber parar para volver a seguir. 

En el albergue hay una chica americana (no la de los ronquidos :-)), parece que lleva dos días aquí y que no se encuentra muy bien, se ha pasado todo el día en su habitación, en la planta baja y apenas ha hablado con nadie. Helena y Vero unen lazos de amistad, mañana saldrán juntas hacia Lugo, veo a Vero algo más animada tras tomar su decisión, dos días de descanso le vendrán genial, estoy seguro.
Llegan las 20h,30' y tocan a la puerta, son los del restaurante, vienen con un coche, pero al ser siete, tendrán que hacer dos viajes. Cuando estamos todos, entramos al restaurante y subimos a un piso superior, allí nos encontramos también con el valenciano y el alicantino cenando, pero ellos se alojan en un hotel que hay en Fonsagrada, en el mismo pueblo, nosotros vamos más de low cost. Nos sentamos al fondo, en una gran mesa redonda, y empieza el ir y venir de las copas de vino, vino blanco, vino tinto, un poco de pulpo por aquí y un poco de sopa gallega por allá. Siete personas, venidas desde puntos tan distintos, que hace unos días apenas no se conocían, esta noche comparten una mesa y muchas risas, desaparecen las barreras del idioma y lo pasamos lo mejor que podemos, a sabiendas de que este momento es único y muy posiblemente no se repetirá, quizá deberíamos vivir así siempre, ¿no?

Perdemos la noción del tiempo, quizá son las once, o quizá las doce, creo que hasta el tiempo se ha cansado de esperar a que le consultemos, en cualquier caso lo pasamos bien, para acabar la noche brindamos con unos chupitos que nos invita la casa; mi poca costumbre de beber vino y mi también poca costumbre de comer tanto me empieza a pasar factura. Pagamos y vamos bajando para ubicarnos en los coches que nos llevarán de vuelta al albergue, que rápida se hace la carretera desde el coche, la misma carretera que unas horas antes me parecía eterna, vago por mis pensamientos porque mi cabeza ya está en la cama y mi cuerpo la reclama. Llegamos al albergue, exceptuando a Vero, que solo ha bebido un chupito, soy el que mejor está de todos, los demás llevan la fiesta encima y se quedan abajo echando unas cuantas risas más. Vero y yo subimos a nuestra habitación, no me encuentro bien, tengo el estómago revuelto y la cabeza, pues... también revuelta, abajo se escuchan risas, bromas, el suelo cruje, me pongo los tapones para intentar dormir, me meto en el saco y solo pienso en el vino...maldito vino... Buenas noches.



De izq. a der.: Vero, Jörg, Yo, Alfonso, Lucía, Sebastien y Helene





jueves, 2 de octubre de 2014

Camino Primitivo '13 - Etapa 6: Berducedo - Grandas de Salime


Todavía no ha sonado el despertador pero yo ya he abierto los ojos, tal vez porque nací madrugador y así ha sido hasta hoy. Los muelles de mi colchón se quejan al separar mi espalda de él, intento hacer el menor ruido posible, pero en este cubículo, perdón, albergue, parece ser una difícil tarea. Cojo el frontal para guiarme y poder coger todas mis cosas y llevarlas a la cocina, donde tendré algo más de espacio para disponer mi mochila; Vero también se despierta casi a la par que yo, aunque ella lleva alguna marcha menos. Poco a poco van despertándose Alfonso, Lucía, Sebastien...Vero y yo desayunamos como podemos, el tema principal de conversación son los ronquidos de la americana, parece ser que ha dado un buen show, yo, afortunadamente, apenas me he enterado.

Somos los primeros en salir, todavía es de noche y afuera reina el silencio, hoy tenemos una ruta un tanto atípica por delante, hemos de superar un desnivel bastante importante, pues hemos de descender  unos 800 metros hasta el embalse de Salime y tras él recuperar  otros 400 metros de subida hasta llegar a nuestro destino de hoy, Grandas de Salime, la última etapa en Asturias, mañana dormiremos en tierras gallegas. Dejamos Berducedo atrás lentamente, Vero está animada, supuestamente la etapa de hoy, a pesar del gran descenso que nos espera, ha de ser tranquila, en total cubriremos unos 19 kilómetros.

Llegando a La Mesa
Vamos superando tierras enfangadas hasta los topes y ascendiendo lentamente, el rocío matutino y las lluvias de los últimos días han dejado los caminos algo intransitables, y si añadimos el paso de los tractores sobre el fango la cosa se complica más, pues las zanjas abiertas por éstos dejan el barro más líquido y pringoso. Con estos avatares vamos viendo cómo amanece en silencio, escuchando nuestra propia respiración como inseparable compañera, y llegamos de nuevo a la carretera para avanzar por ella dos kilómetros hasta llegar al pueblo que lleva de nombre La Mesa; se trata de un pequeño pueblo que cuenta con un albergue, sin embargo, en los alrededores no hay ni tienda, ni bar, ni ningún lugar para proveerse, por lo que si no se va con la mochila cargada para comer o cenar no es una buena opción acabar la etapa aquí.

Que el buen humor nunca falte
Dejamos a nuestras espaldas La Mesa y ante nosotros se nos presenta el asfalto, un interminable asfalto en pendiente constante; el ascenso sobre este terreno siempre es más duro, quizá por lo monótono que resulta, así que no queda otra que comenzar la subida, como siempre poco a poco, tomando aire cuando es necesario. En lo alto se ven los aerogeneradores, pequeños ahora y gigantes tras unos kilómetros más, Sigue el silencio, aunque ahora marcado por el lejano sonido que producen las aspas al romper el viento, no hablamos, ahora subimos, pensamos, imaginamos, soñamos, y cada cierto momento nos paramos; mientras tanto, la niebla se instala sobre nuestras cabezas, se respira un aire frío, todavía conservo la braga desde que abandonamos el albergue, sin embargo el cielo es claro y parece que hará un buen día.
Subiendo a Buspol

Por fin superamos el techo de esta etapa, llegamos al nivel donde se hallan los generadores, intentando robarles un poco de aire, ése que les falta a nuestros pulmones. Disfruto de este momento, estamos solos, Vero y yo, los generadores giran y giran, las nubes avanzan y nosotros también avanzamos, estamos contentos tras superar esta dura subida.


Aerogeneradores
Buspol
Buspol es una aldea muy pequeña, me recuerda a Montefurado, y tras dejarla atrás comenzamos la bajada hasta el embalse de Salime, que según nuestra guía es el plato fuerte del día.

Nos paramos para reponer fuerzas con algunas barritas y algunos zumos, todavía no nos hemos cruzado con nadie, son las 9:30 de la mañana y el sol empieza a despuntar desde lo alto. La dificultad de la bajada hasta el embalse no radica en su dureza, pues aunque hay algunos tramos con fuerte pendiente hacia abajo, la mayoría son controlables, lo complejo es su duración, es una bajada en zig-zag, no es un descenso directo. Desde lo alto veo el embalse, el cual debemos cruzar una vez que estemos abajo, pues al otro lado está Grandas, nuestro destino de hoy. Avanzo más rápido que Vero, y me paro para esperarla, Lucía nos alcanza, intercambiamos opiniones sobre la subida a Buspol y planeamos ver esta tarde el pueblo y de paso ver el R.Madrid - Barcelona, que juegan esta tarde. Lucía prosigue su camino y quedamos en vernos más tarde.

Vero empieza a estar cansada, y más que en sus piernas o en su ritmo, lo noto en su humor, el embalse parece estar cerca, muy cerca, pero el camino sigue y sigue, parece no tener fin. El sol ya domina el cielo, y es hora de quitarse capas de ropa; por fin volvemos al asfalto, signo de que el cruce del embalse está cerca, la distancia entre Vero y yo se ha prolongada bastante, me propongo llegar hasta el embalse y allí esperarla.


Las vistas impresionan, merece la pena cada paso que damos y cada bocanada de aire que expulsamos, aquí abajo hace más fresco y vuelvo a ponerme la sudadera mientras espero a Vero contemplando el paisaje; un autocar de turistas llega al embalse, ¿será el embalse una atracción de la zona?, sin duda es digno de ver, aunque no sé hasta qué punto pueda tratarse de una visita guiada, decenas de señores y señoras bajan los peldaños del autocar y unos más que otros observan a un peregrino sentado que parece esperar a alguien. Vero llega una media hora después, las ampollas le están minando las fuerzas, la veo cojear, intentando pisar sobre el lado que menos duele, me veo en ella cuando hice mi primer Camino y se que es duro.
Embalse de Salime
Y ahora comienza de nuevo la subida, la última, la que nos llevará a Grandas. Cómo no, la subida es en asfalto, cuando las piernas fallan, es muy fácil que nuestra cabeza también falle, por eso intento ir lo más cerca de Vero posible, intentando bromear y echarle gracia al asunto. En ocasiones funciona, en otras no, pero yo sé que puede, y aunque yo no estuviera ahí, ella llegaría de todas formas. Nos hacemos fotos y recordamos viejos tiempos, porque aunque los kilómetros sean los mismos, los minutos se tornan más ligeros.


Su cara lo dice todo :-)
Llegamos hasta el Hotel Grandas, sé que desde aquí quedan unos 4 kilómetros hasta nuestro destino de hoy, por eso nos alegramos y motivo a mi hermana a seguir. Un hombre nos escucha, está saliendo del hotel y se dirige para coger su coche, cuando nos dice si queremos subir con él hasta Grandas, Vero me mira, pero yo le respondo amablemente que muchas gracias pero no, tenemos que subir a pie después de todo lo que llevamos, Vero se lo toma con humor. Tras mucha carretera, llegamos por fin al desvío que nos lleva por caminos de tierra y bosque hasta las primeras casas de Grandas, el último trocito de Asturias en el que dormiremos, pasamos por delante del Museo Etnográfico, del que he leído buenas críticas, unos caballos nos dan la bienvenida y...¿dónde está el albergue? Seguimos y seguimos caminando y vemos cómo vamos dejando atrás el pueblo, hasta que preguntamos a un vecino y nos dice que vamos bien, que el albergue está al final de Grandas. Recuperados del susto, observamos que el único supermercado del pueblo acaba de cerrar hace media hora, son alrededor de las 14h y los sábados por la tarde no abre...Bien!! Más tarde nos enteramos de que en el centro hay una máquina expendedora de bollería, que al menos nos servirá para desayunar mañana por la mañana.
Bienvenido a Grandas

Llegamos al albergue y allí nos encontramos a Lucía, que acaba de salir de la ducha, no hace mucho que ha llegado, también está Vicente, el hombre que comenzó su periplo, al igual que nosotros, en la estación de autobuses de Santander. Ha pasado una noche aquí y está esperando a un amigo que ha de llegar para retomar el Camino juntos, tengo entendido que cómo máximo un peregrino puede pernoctar dos noches en un mismo albergue, siempre que haya plazas disponibles o por que lo dicten causas de cierta importancia (lesiones, enfermedad...). El albergue cuenta con 24 plazas, tiene dos plantas, abajo se encuentra la recepción, una sala de estar con algunos libros y revistas, la cocina y dos literas. Arriba se encuentran los baños y el resto de plazas de litera, una sala alargada y bien acondicionada, en resumen, es un albergue bien cuidado y muy limpio.

Al poco tiempo llegan Alfonso y Jörg, y algo más tarde Sebastien y Helene, ya estamos todos de nuevo juntos. Vero y yo hacemos algo de pasta que llevamos en la mochila y más tarde aprovechamos para poner una lavadora junto a los demás, entre todos ponemos 5 euros. Subo a la habitación a relajarme y a ordenar un poco mis cosas, y aprovecho para escribir y plasmar con mi mano todo aquello que es tan difícil de explicar con la boca. Vero y yo nos dormimos, el cansancio acumulado nos puede.

Tras la siesta, tendemos en la parte de atrás la ropa lavada; Alfonso propone ir a ver el museo etnográfico, pero decidimos ir a ver un poco el pueblo junto a Lucía, quedando más tarde todos en el único bar que parecen poner el Madrid-Barça. Hace una fría tarde soleada, es agradable pasear sin ningún rumbo, sin tener que busca la siguiente flecha amarilla o el próximo hito que nos guíe el Camino. Visitamos la antigua Colegiata de San Salvador de Grandas, del siglo XVII, rodeamos su pórtico columnado, intento imaginar a todos esos peregrinos que se han cobijado del frío o de la lluvia bajo estos mismos techos, aquí, donde mis pies están pisando en este momento.
Colegiata de San Salvador
Pórticos
Son las 18:00h y nos hemos reunido en el bar junto a Jörg y Alfonso, hemos tenido suerte y hemos encontrado una mesa libre al fondo del local, parece que la mayoría son culés, Vero y yo estamos en territorio enemigo, Lucía simpatiza con el Madrid, Alfonso con el Barça, y Jörg.., Jörg es neutro. Pedimos unos bocadillos y algunas botellas de sidra, hay que despedirse de Asturias como toca. Aunque nuestro equipo pierde, pasamos una divertida tarde, en Grandas hay buen ambiente y tras el partido la gente no se marcha; Alfonso nos dice de ir a cenar a un restaurante que hay cercano, pero tenemos que mirar el bolsillo y además tenemos unos sobres de pasta en la mochila, así que nos vamos hacia el albergue, recogemos nuestras prendas que han estado tendidas toda la tarde y nos hacemos la cena, una cena ligera, estamos cansados y tenemos ganas de coger la cama.


Habitaciones
No hay nadie arriba, todos están fuera, cenando, paseando, riendo, conversando, probablemente junto a personas que hace unos días eran desconocidas; hechos y situaciones que se viven todos los días en cualquier lugar del mundo, pero que aquí, sin que uno se dé cuenta, son diferentes, y eso es algo que sólo percibimos a través del tiempo.

 Estoy agotado, oigo a Vero remover cosas en su mochila, oigo sonidos provenientes de fuera, escucho las voces de quienes van llegando, y también percibo levemente el resonar de algunas gaitas gallegas, mañana dejamos atrás Asturias y seguimos la aventura por Galicia. Boas noites