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Vero comenzaba a estar muy cansada, el calor unido a los nervios a veces deja ver nuestra peor versión, y tras darle un discurso sobre si iba a abandonar en la primera etapa, continuamos el camino, que solo ascendía y ascendía por pistas de tierra. Tras un buen rato sin cruzarme con nadie, solo escuchando el sonido del viento y el de cada una de mis pisadas, pues Vero iba algo más atrás, vi al fondo a un hombre con un par de perros. Le pregunté que donde quedaba el albergue de San Juan, me dijo que nada, que ahí al lado, siguiendo ese camino y a la derecha en un cruce. "¡Qué fácil!...¡Ya está!.." pensé, yo animando a Vero, "venga, que ya está hecho" le decía. Pues bien, ese "nada" que quedaba se puede traducir a casi una hora más de camino por las mismas pistas de tierra que ya comenzábamos a odiar. Es cierto que todo influía, como decía, las pocas horas de descanso y de sueño, el peso de la mochila, el creer que, según la guía, quedan 3,5 km para el albergue desde Grado y que se conviertan en casi 6...el ir y volver al centro de Grado para encontrar las flechas que nos marcan el Camino...
Pues bien, tras una media hora más llegamos al cruce que me dijo el señor de los perros, en ese cruce, debíamos girar a la derecha, tras pasar por numerosas casas particulares, chalets y casas de campo, llegamos a una explanada donde nos daba la espalda una pequeña capilla, allí había un hombre, al que pregunté donde quedaba el albergue y me dijo que era aquí mismo, que diera la vuelta a la capilla, que podía entrar y dejar las mochilas, el hospitalero llegaría sobre las 18h. Pues bien, ¡aleluya!, al fin llegamos, Vero estaba cansada, lo notaba en sus ojos, en su forma de hablar, tuve miedo de que decidiera abandonar a las primeras de cambio, me sentí un poco mal por haberla traído al Camino más duro, el primitivo, pero por suerte, mi hermana es fuerte y 35 km no la iban a vencer.
El albergue estaba vacío, no había llegado nadie, a primera vista el albergue era, y es, muy majo, tiene una terraza exterior con algunas mesas y bancos de madera donde poder descansar. El problema es que al estar muy cerca de establos y de zona de campo, dentro había cientos y cientos de moscas, algunas vivas, otras muertas, muchas en los colchones ya sin vida, y unas no pocas revoloteando entre la cocina y la habitación común. Elegimos cama y dejamos todos nuestros pertrechos entre el suelo y la cama, entre el cansancio y el placer de haber llegado. Fui directo a la ducha, en la que por supuesto había moscas y algún mosquito rezagado. A mi hermana le había salido la primera ampolla, en la primera etapa, mejor imposible, le dije que se la mirara y que si hacía falta se la curara, las ampollas se pueden convertir en un muy mal compañero de viaje si no se cuidan bien, es importante untarse los pies con vaselina antes de salir en cada etapa, así el contacto del pie con el calcetín es más suave y provoca menos fricción entre ellos, lo que puede provocar la aparición de las ampollas. Una vez duchados, llegó otro huésped más, era una chica de Madrid, Lucía, con la que hicimos buenas migas y con la que a lo largo del Camino hicimos un buen grupo junto a más gente que fuimos conociendo. Ella estaba un poco como nosotros, desquiciada por el "donde está el albergue".
| Interior del albergue |
| Terraza |
Hay que ver que bien escribe este chico... :P y que guapo es!! ;)
ResponderEliminarGuapa tú!!!
EliminarMuy guapos los dos pero yo tengo día tonto y leyendo esto y recordando aquí estoy llorando como tonta jaja. Que bien escribes Toniet!
ResponderEliminarSi hasta a mi me da emoción leer, me imagino tu... ;) Si es que somos todos guapísimos! :P
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