Las siete y veinticinco de la mañana, el despertador se despierta y con él me despierto yo, hoy no he dormido bien a pesar de que ha sido el día que más horas he descansado, incluso hemos dormido una hora de más ya que ayer noche se retrasaba la hora. Me duele la espalda y por momentos la rodilla izquierda me recuerda los kilómetros que lleva acumulados. Vero se despierta poco después que yo y bajamos abajo para desayunar y cargar las mochilas. Todavía es de noche y afuera hace bastante fresco, tenemos por delante unos 29 km de ruta, queremos llegar hasta Padrón, donde teóricamente acabaremos todos.
Desayunamos lo que compramos ayer en la máquina expendedora, unos cuantos bollos y unos briks de zumo, no es el mejor desayuno pero dadas las posibilidades que había es mejor que nada. Bajamos las escaleras que dan a la calle, Vero se resiente de sus ampollas, le digo que se le pasará en un rato, cuando el pie y las ampollas se acostumbren al caminar, hace algo de frío y la luna y el silbar de los grillos marcan todavía el tempo musical de la noche.
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| Últimos kilómetros en Asturias |
Mientras va amaneciendo, nuestros pies atraviesan pequeños tramos de bosque, otros tantos de carretera y de vez en cuando alguna pequeña aldea nos recuerda que no estamos solos. A los pocos kilómetros llegamos a Cereijeira, al ser domingo todos los bares están cerrados, pero hay una pequeña tienda donde venden un poco de todo, allí compramos algunos plátanos y un par de zumos para complementar el escaso desayuno que hemos tenido. De paso nos sellan la credencial, que resulta ser el último sello de Asturias. Unos metros más adelante nos encontramos con el valenciano y su compañero alicantino, y tras intercambiar unas cuantas palabras nosotros proseguimos nuestro camino y ellos el suyo.
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| Bajo su atenta mirada |
Atravesamos praderas mientras nos observan algunos bueyes y algunas vacas, Vero se siente algo mejor, cuando el cuerpo se acostumbra y se calienta tras unos kilómetros se hace más llevadero. Yo estoy bien, de hecho no he tenido ningún problema hasta el momento, quizá algunas molestias en las rodillas pero más por cansancio que por algún mal movimiento. Ni punto de comparación con mi primera experiencia en el Camino, donde sufrí más de lo imaginado y llegué a pensar incluso en abandonar.
La ruta va ganando en altura, de forma progresiva, de forma que nuestros cuerpos también lo notan. Llegamos a Peñafonte, donde nos encontramos con un numeroso grupo de senderistas, pienso en si harán también el Camino, pero pronto descarto la idea al ver sus pequeñas mochilas, incapaces de guardar todo lo necesario para unos cuantos días de marcha. Nos mezclamos un rato con ellos, pues los ritmos son similares, así que mientras yo les adelanto para más tarde esperar a Vero, me los cruzo varias veces. Hace bastante viento, una larga carretera, cuyo final no alcanzo a ver, se extiende ante nosotros, el viento va en nuestra contra, nos pegamos al arcén izquierdo, de vez en cuando pasa algún coche que más bien parece salido de alguna película de acción y hemos de ir con cuidado, aunque en general hay poco tráfico. Por fin nos desviamos de la interminable recta y nos adentramos en un pequeña aldea, tras la cual comienza la subida al Puerto del acebo, de unos 1100 metros de altitud. El Puerto del Acebo marca la frontera natural entre Asturias y Galicia, según nuestra guía el ascenso es progresivo aunque de tener en cuenta, no parece ser tan exigente como el del Puerto del Palo.
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Comenzamos la subida poco a poco, sin prisas, es todavía pronto, poco más de las 11 de la mañana, el sol ya está casi en su punto más álgido. Caminamos en silencio, recuerdo haberle dicho a Vero muchas veces que lo más duro ya ha pasado, que Asturias es más exigente que Galicia, por eso hoy tenemos una especie de plus de energía para superar la jornada, por eso la animo siempre que hace falta, siempre que veo en su mirada el cansancio.
Al fondo vemos los aerogeneradores del Puerto del Acebo, otra vez los dichosos aerogeneradores, lo malo de tenerlos como referencia es que no dejas de mirarlos para ver si ya queda menos, y en ocasiones se hace bastante pesado, lo mismo que correr en cinta y no dejar de mirar cuanto llevas corriendo, un rollo vamos. Así que avanzamos y avanzamos, cada vez aproximándonos un poco más; en el último tramo le digo a Vero que me dé su mochila, ella insiste en que no, pero la consigo convencer y la llevo yo unos cuantos metros para que ella puede descansar su espalda. Y al fin llegamos a la cima, una explanada se extiende ante nosotros, a ambos lados sentimos el rugir de las aspas, nunca había estado tan cerca de uno, ni en el Puerto del Palo, y la verdad es que impresionan tan de cerca.
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| Entre Galicia y Asturias |
Tras descansar unos minutos continuamos nuestro andar, a pesar de hemos superado el tramo más exigente de la ruta de hoy todavía nos quedan algunos kilómetros. Comenzamos un descenso que nos lleva a una carretera en el que vemos el primer pilón que nos indica el Camino, en Galicia la dirección de la concha cambia respecto a Asturias, así que tenemos que cambiar el chip, no vayamos a confundirnos. Nos alcanza Lucía y compartimos algunos kilómetros con ella. Vero empieza a estar cansada, se trata de un cansancio acumulado tras tantos kilómetros y tras tantas subidas y bajadas, son las ampollas, la ingle, la espalda, y las rodillas, Lucía resulta ser un bálsamo de ánimos para Vero, entre los dos la animamos y le hacemos ver lo orgullosa que ha de estar por haber superado tantos imposibles que ella veía en un principio. Mientras tanto nos encontramos al valenciano y al alicantino, nos echamos algunas risas con ellos, son majos, llevan consigo todo un surtido de embutidos, quesos y hasta una bota de vino, son la leche; más tarde nos los encontraremos y compartiremos esos manjares a unos diez kilómetros de Padrón.
Lucía sigue con su camino y Vero y yo intentamos afrontar lo que nos queda. Se está haciendo una ruta larga a pesar de que no es la de más kilómetros. En una de esas esperas veo a mi hermana más lenta de lo normal, cargando una mochila que parece pesar el doble de lo real, los ánimos se desatan y surge la realidad. Vero hoy no puede más, ha llegado a un límite y le digo que si quiere abandonar pues abandonamos, no sin cierta rabia en mí, pues no me gusta dejar las cosas a medias, pero entiendo que las cosas no se han de hacer por hacer, si no por una razón, y hoy por hoy Vero no puede más.
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| La mascota del pueblo |
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| Capilla románica |
Hacemos los siguientes kilómetros en solitario, realmente se está haciendo muy pesado hoy, veo Fonsagrada a lo lejos y miro atrás, pero no veo a Vero. Me entretengo con un señor que vive en una casa junto a la carretera, mientras hago algunos parones para no distanciarme mucho de mi hermana; este señor tiene como mascota a un cerdo, muy amigable por cierto, con el cual nos reímos un rato antes de que se vayan a comer. Decido continuar y esperar a Vero más adelante, cruzo algunas capillas románicas del siglo X y XI y a 1 km de llegar a Fonsagrada me detengo y la espero. Al pararme veo que también llegan Alfonso y Jörg a lo lejos. Me alcanzan y hablamos sobre comprar algo en el pueblo para cenar todos juntos esta noche, lo que será imposible, pues en el pueblo todo está cerrado hoy. Llega Vero y, ya en Fonsagrada, decidimos pararnos los cuatro en un bar que hay en lo que parece ser el centro del pueblo. El bar está repleto de gente, es domingo y las familias y los amigos se amontonan tras la barra; pedimos una ración de pulpo y unas cervezas a una chica que no parece saber bien lo que son los modales. Nos sentamos en la terraza y, eso sí, disfrutamos del pulpo y la cerveza como nunca. Nos quedan un kilómetro y medio más hasta Padrón y sabemos que allí no hay nada alrededor en el que poder cenar o avituallarse, tan solo hay una gasolinera a las afueras de Fonsagrada donde poder comprar algo. Preguntamos y averiguamos que en este mismo bar se ofrecen a recoger y a devolver a los peregrinos al albergue de Padrón siempre y cuando cenemos en su bar-restaurante, sin pensarlo mucho le decimos que sí, así que a las 20h quedamos en que nos vengan a recoger.
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| Pulpo y cerveza en Fonsagrada |
Los últimos metros de la ruta resultan ser una pesadilla para Vero, tras el descanso del bar el cuerpo y los músculos se han enfriado y cuesta el doble ponerse en pie y continuar con la tirada. Pasamos la gasolinera, donde me compro una bebida energética y algo dulce para ir tirando. El resto del tramo es carretera y más carretera, monótono hasta hastiar.
Pero al fin llegamos al albergue, son las 16:15, Vero llega un poco más atrás que yo, Lucía sale a darle un abrazo por que lo ha conseguido, porque ha llegado a pesar de las dificultades de hoy, veo a Vero algo emocionada.
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| Nuestra habitación |
Enseguida nos acomodamos, el albergue se encuentra apartado a la izquierda en plena carretera, por lo que, como ya he dicho, no hay prácticamente nada alrededor. Es una casita de dos pisos, el interior es de madera, da una impresión acogedora, desde el primer momento me gusta. El hospitalero, que habla como de manera automática, nos registra y nos sella la credencial. Hay habitaciones arriba y abajo, subimos al piso de arriba donde hay otras tantas habitaciones, elegimos una donde hay dos literas con algunas viejas y raídas mantas en cada cama. El suelo cruje a medida que lo pisamos, sería un lugar perfecto para rodar un film de terror de bajo presupuesto. En fin, tras dejar los pertrechos, nos duchamos, y por la tarde nos reunimos abajo para hablar de la cena de esta noche y de la ruta de mañana. Mi idea es acabar en O Cadavo, a unos 24 km de aquí, pero finalmente decidimos que estiraremos hasta Castroverde, es decir, unos 8 km más, más que nada para que la etapa Castroverde-Lugo resulte más cómoda de llevar, pues serán 22 km y tendremos más tiempo de disfrutar de la ciudad gallega. Pero Vero me dice que mañana no saldrá conmigo, que ha llegado hasta un límite en el que su cuerpo le pide un descanso, un parón, me dice que cogerá un bus con Helena, la chica alemana, que también anda bastante tocada de su rodilla, y las dos llegarán a Lugo a mediodía, donde nos esperarán hasta que lleguemos dentro de dos días, y allí verá si puede seguir. Sé que le duele mucho tomar la decisión, incluso veo alguna lágrima asomar en sus ojos, pero es la mejor decisión que en estos momentos puede tomar, hoy ha sido un día muy duro, una ruta muy pesada, y al final, cuando te excedes se cobra la factura. Todos animamos a Vero, porque es un ejemplo de superación, porque a veces hay que saber parar para volver a seguir.
En el albergue hay una chica americana (no la de los ronquidos :-)), parece que lleva dos días aquí y que no se encuentra muy bien, se ha pasado todo el día en su habitación, en la planta baja y apenas ha hablado con nadie. Helena y Vero unen lazos de amistad, mañana saldrán juntas hacia Lugo, veo a Vero algo más animada tras tomar su decisión, dos días de descanso le vendrán genial, estoy seguro.
Llegan las 20h,30' y tocan a la puerta, son los del restaurante, vienen con un coche, pero al ser siete, tendrán que hacer dos viajes. Cuando estamos todos, entramos al restaurante y subimos a un piso superior, allí nos encontramos también con el valenciano y el alicantino cenando, pero ellos se alojan en un hotel que hay en Fonsagrada, en el mismo pueblo, nosotros vamos más de low cost. Nos sentamos al fondo, en una gran mesa redonda, y empieza el ir y venir de las copas de vino, vino blanco, vino tinto, un poco de pulpo por aquí y un poco de sopa gallega por allá. Siete personas, venidas desde puntos tan distintos, que hace unos días apenas no se conocían, esta noche comparten una mesa y muchas risas, desaparecen las barreras del idioma y lo pasamos lo mejor que podemos, a sabiendas de que este momento es único y muy posiblemente no se repetirá, quizá deberíamos vivir así siempre, ¿no?
Perdemos la noción del tiempo, quizá son las once, o quizá las doce, creo que hasta el tiempo se ha cansado de esperar a que le consultemos, en cualquier caso lo pasamos bien, para acabar la noche brindamos con unos chupitos que nos invita la casa; mi poca costumbre de beber vino y mi también poca costumbre de comer tanto me empieza a pasar factura. Pagamos y vamos bajando para ubicarnos en los coches que nos llevarán de vuelta al albergue, que rápida se hace la carretera desde el coche, la misma carretera que unas horas antes me parecía eterna, vago por mis pensamientos porque mi cabeza ya está en la cama y mi cuerpo la reclama. Llegamos al albergue, exceptuando a Vero, que solo ha bebido un chupito, soy el que mejor está de todos, los demás llevan la fiesta encima y se quedan abajo echando unas cuantas risas más. Vero y yo subimos a nuestra habitación, no me encuentro bien, tengo el estómago revuelto y la cabeza, pues... también revuelta, abajo se escuchan risas, bromas, el suelo cruje, me pongo los tapones para intentar dormir, me meto en el saco y solo pienso en el vino...maldito vino... Buenas noches.

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| De izq. a der.: Vero, Jörg, Yo, Alfonso, Lucía, Sebastien y Helene |
Vaya día aquel, caminando yo más lenta que un caracol y más tozuda en un principio con la idea de no parar ni una sola etapa. Pero.era lo mejor, para que engañarnos jeje
ResponderEliminarEse albergue me dió miedo. Si tuviera que volver y no hubiera nadie más allí me iría y haría el siguiente tramo que no hice jaja
Ahora la próxima etapa, la número ocho, es tuya y espero que la publiques pronto.
Que poco queda para volver!!