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viernes, 7 de febrero de 2014

Camino primitvo '13 - Etapa 3: Salas - Tineo


Amanece en Salas, suenan los tres despertadores casi al unisono, son las 7:15, he dormido muy bien, mucho mejor que en San Juan. Casi como zombis comenzamos el ritual de meter y sacar objetos de la mochila sin aparente orden, ¿esto iba aquí o iba allá?, no sé, da igual, pa' dentro, eso sí, las cosas que más debemos sacar, como la cantimplora o la guía, siempre a mano. Recogemos Vero y yo la ropa que tendimos anoche en la habitación para que terminase de secarse y nos comenzamos a vestir. Yo lo organizo todo en nada, puede que en otra vida haya sido boy scout, mi hermana tarda más, va de un lado a otro, nerviosa, ya nos conocemos. Sus ampollas van a más, se las ha cosido y hasta ahí poco se puede hacer, hasta que se endurezcan o desaparezcan, cosa difícil caminando varios kilómetros al día, que más da, ¿no dicen que lo que no mata nos hace más fuertes? Pues eso. Desayunamos los tres juntos y bajamos las ruidosas y quejumbrosas escaleras para salir del albergue, son las 7:45, una lluvia fina nos cubre casi obligándonos a enfundarnos el poncho, sumamos una nueva despedida, "hasta otra Salas", y comenzamos a restarle kilómetros a la etapa de hoy.

La etapa va ganando metros en subida por pistas de tierra, tramos por bosque y bordeando el río Nonaya. Deja de llover y nos desenfundamos el poncho, el sol ha decidido salir a trabajar. Comenzamos a acostumbrarnos a las subidas y bajadas, ahora más constantes, hoy, según nuestra guía, es la última etapa tranquila hasta llegar a Galicia. Vero nota las ampollas, pero es fuerte y aguanta, yo de momento tengo suerte y aún no noto ninguna molestia, cruzo dedos para que la cosa siga así. 

Una cosa que me ha resultado curiosa hasta ahora, y lo seguirá haciendo hasta que nos unamos al Camino Francés en Melide, es los pocos peregrinos que nos hemos cruzado en estas tres primeras etapas. En la primera etapa nos cruzamos con un chico francés, estaba en un puente que cruzaba un río, colocaba unas piedras formando un mensaje, después supe, por boca de él, que era un mensaje dirigido a una compañera que había hecho en el Camino, era un mensaje de apoyo y de fuerza. Tanto él como ella pasarían a formar parte de nuestro Camino, junto a Lucía y otros dos compañeros de los que hablaré más adelante, estas cosas son las que tiene el Camino y las que me hacen volver a él. 

Llegamos a Bodenaya tras pedir prestadas algunas bocanadas de aire, la subida se hace pesada, no por dura, sino por constante, nos vamos parando cada cierto tiempo para recuperar fuerzas, hoy parece que nuestras espaldas comienzan a entenderse con el peso de las mochilas. En Bodenaya nos sentamos para bebernos un zumo y tomar una barrita de cereales, el albergue de este pueblo, dicen, es uno de los mejores de todo el Camino primitivo, por la amabilidad del hospitalero, por las instalaciones, por las cenas que hace y por los desayunos que prepara...parece que es una de esas personas enamoradas del Camino, dedicadas en cuerpo y alma. Lamentablemente no entraba en nuestros planes acabar la etapa aquí, además, Bodenaya, si no voy mal, no tiene servicios, y si los tiene, deben de ser escasos, la localidad más cercana es La Espina, y allí nos dirigimos tras hacer la parada en boxes. 
Vero y nuestro grupo de fans

Lucía coge ritmo y nos adelanta, tiene los talones tocados debido al roce de sus botas, pero ella también es fuerte y aguanta. Vero y yo vamos dejando atrás Bodenaya y nos adentramos de nuevo por bosques y caminos por pista de tierra tranquilos. A partir de aquí la ruta se hace bastante más amena que en el inicio. A lo lejos veo a otro peregrino, comienza a ser noticia esto de encontrarse a más gente, resulta que es el mismo hombre que iba en el bus de Santander a Oviedo. Ya en la estación lo vimos con su mochila y Vero y yo comentamos que seguramente también haría este Camino y mira por donde nos lo encontramos aquí. Comenzamos a hablar y a reírnos de las casualidades de la vida, es de Valencia y es su quinto camino, casi nada. Continuamos juntos un rato más hasta que me paro a esperar a mi hermana. No será la última vez que nos crucemos.

Las sonrisas que nunca falten
La etapa sigue en su línea marcada desde que dejamos Bodenaya, una línea uniforme y sin muchos desniveles, el único inconveniente que nos encontramos es que debido a la lluvia de estos días los caminos de tierra están embarrados totalmente, hay tramos en los que el fango cubre 3-4 cm de bota, hay veces que más que caminar parece que patinamos sobre fango. Ralentizamos un poco el ritmo para no resbalar, entre tanto nos encontramos con un señor a la salida de La Espina, sentado en una piedra, nos pregunta de donde somos y le decimos que de Mallorca, "allí debe hacer calor aún" dice, en efecto, a mi hermana le da dos besos y nos desea un buen Camino. 

Seguimos la etapa, ahora ya casi sin ninguna subida de importancia, por bosques y pistas cómodas, donde vacas y toros nos vigilan como espectadores, donde la mente tiene permiso para liberarse y para dejar volar a nuestros miedos y a dejar entrar a renovadas ilusiones, si algo te da el Camino es tiempo, tiempo incluso para conversar con nuestra soledad. Vero y yo vamos distanciados, cada uno va a su ritmo, es algo que acordamos desde un principio, siempre en un cierto límite, de vez en cuando me voy parando y la espero, bebemos agua y continuamos. Cada uno hace su propio Camino, en busca de lo que cada uno lleva dentro.


Y así, vamos aproximándonos a nuestro final de etapa, cerca de un campo de fútbol un cartel nos marca que a un kilómetro está el centro de Tineo, ahora el camino discurre por carreteras y calles asfaltadas, primero en subida y después en una larga bajada en zig-zag. Este último kilómetro se hace largo, pero por fin llegamos al albergue, está abierto, llamo a Lucía a sabiendas de que ha llegado, y efectivamente, hace un rato que está ahí. El hospitalero no está, un cartel nos dice que llegará a media tarde, para variar seguimos siendo los tres los únicos habitantes de este albergue, pero hoy será el primer día que durmamos con más gente.
Ayuntamiento de Tineo

Vero y yo nos acomodamos, el dormitorio es grande, se trata de una antigua escuela reformada como albergue, descargamos pesos y me preparo para ducharme, ¡el mejor momento del día! Tras estar todos limpitos decidimos buscar el centro del pueblo para poder proveernos de alimentos, preguntamos en una farmacia y nos dice que es todo para abajo, a unos cinco minutos, el problema es que la vuelta es en subida, si ya digo que Asturias es muy bonita, pero lo que es suelo llano...poco poco. El centro de Tineo es majo, tiene un bonito ayuntamiento y una acogedora plaza, además el día acompaña y los rayos de sol parecen devolvernos las energías consumidas esta mañana. 

Hacemos las compras y volvemos al albergue, la cocina en este albergue no existe, simplemente hay un microondas, algunos vasos y ningún plato, pero somos previsores y hemos traído cubiertos de plástico. Calentamos unas salchichas en el microondas y nos comemos unas ensaladas envasadas.

Paso la tarde descansando en el exterior del albergue, hace fresco pero el sol equilibra la balanza, escribo y conversamos los tres sobre la etapa de mañana, creo que me voy a aprender hasta el índice de la guía. Entretanto llega Miguel, el hospitalero, un hombre majo y hablador, muy hablador, pero que nos ameniza la tarde con sus anécdotas. Nos sella la credencial, tercer sello del Camino. Nos cuenta que mañana son algunos kilómetros más que los que marca nuestra guía, según él mañana nos esperan 32 kilómetros, con subidas y bajadas con las que empiezo a tener una relación de amor-odio. Mi hermana está asustada, le parece mucho, pero la intentamos tranquilizar con que eso no es nada, que a partir de la entrada a  Galicia todo se suaviza. Se le pasa por la cabeza alquilar uno de esos taxis del peregrino que te llevan la mochila hasta el final de la etapa, pero le hago ver que aquí se viene con todo y se acaba con todo, que tras una subida siempre viene una bajada, y que tras el esfuerzo siempre llega la recompensa.
Exterior del albergue

Mientras tanto, llegan dos peregrinos más, se trata del chico francés del que hablaba más arriba, se llama Sebastien, y un poco más atrás llega su compañera, Helene. Pasamos un rato juntos, hablando una mezcla de francés, inglés, spanglish y alemán, más que un albergue esto parece la torre de Babel, así y todo nos entendemos y nos echamos unas risas juntos. Sebastien me cuenta que lleva tres meses caminando, empezó en Francia un 11 de agosto y aquí está, conoció a Helene en el Camino del Norte, ella empezó en Bilbao y viene desde Alemania. Aunque no nos conocemos, empezamos a unir conexiones, a formar lazos de esos que forjan los viajes y la aventura de la coincidencia.

Como hoy juega el Madrid propongo verlo en un bar y allí cenar, dicho y hecho. El bar está saliendo a mano izquierda del albergue, un sitio majo, con buen ambiente, nos pedimos una botella de sidra Lucía y yo, Vero no se moja, aunque luego le dará algún trago. Para cenar nos pedimos unos bocadillos, nos han debido ver cara de tener hambre porque nos plantan en la mesa unos bocadillos tamaño mi cara y un poco más, ninguno de nosotros puede con ellos y nos guardamos lo que nos sobra para la etapa de mañana, qué barbaridad :-). 


No terminamos de ver el partido porque se hace tarde y mañana nos esperan unos cuantos kilómetros más que hoy, estamos motivados para la etapa de mañana, cuando las cosas se ponen más difíciles damos una mejor versión de nosotros mismos. Llegamos al albergue y Sebastien y Helene siguen donde les dejamos, afuera, charlando bajo un cielo sin luna, quizá hasta ella ya se ha echado a dormir.

Algunas prendas no se han secado y las colocamos en el tendedero junto al calefactor, me meto en el saco, escucho algo de música antes de dormir, mañana será una etapa larga, pero cuánto más difícil es, más me gusta, esto es una superación diaria. Apagamos luces, hoy ya no somos tres, esto va cogiendo forma. Buenas noches.

3 comentarios:

  1. Me gusta leerte, así me hago una idea de vuestras vivencias por allá :) Buenas noches.

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  2. Es como leer un libro y nosotros de protagonistas. A mi también me encanta leer tus vivencias, que también son las mías :) Besos a mis hermanos guapos :D

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  3. Me alegro que os guste hermanas! :-) en breve colgaré algunas entradas más!

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